Empecemos con las definiciones. El fenómeno “therian” “es una identidad subcultural en la que una persona se percibe a sí misma –a nivel interno o espiritual– como no completamente humana, sino parcial o totalmente identificada con un animal real (lobo, gato, cuervo, etcétera).
Ojo: No “se trata de creer que físicamente la persona es un animal, sino de afirmar una identidad psicológica, espiritual o simbólica”.
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La persona puede decir: soy un lupine (un lobo), un feline (un gato, tigre, león, etcétera), un canine (un perro), un avian (un ave), un ursine (un oso) o un equine
(un caballo) y experimentar cambios subjetivos donde siente conductas, emociones o impulsos asociados al animal con el cual se identifica. Su identidad animal es estable, no es un juego o rol pasajero. Es una forma de vida.
Esos cambios subjetivos tienen tres tipos de vivencias: la persona cambia su percepción mental para sentir ser un animal. En otros casos, sólo tiene la sensación de tener partes del cuerpo animal que no existen físicamente, como una cola, un hocico o unas patas. O, finalmente, adopta comportamientos, posturas y movimientos inspirados en el animal.
Los therians florecen en redes sociales en general, pero en Instagram, Reddit y Tiktok en particular.
Terminadas las definiciones, dejo a su libre albedrío, apreciado lector, imaginar, entre nuestra clase política, en su versión therian, qué animal relacionaría usted con sus políticos favoritos a nivel federal, estatal o municipal.
Imposible de contenerme, me adelanto para sugerir que Luis Fernando Salazar, un chavo ruco consumado, podría ser un estornino rojo de la Reserva Natural de Rietvlei, en Sudáfrica. Ricardo Mejía, por su parte, más que el tigre existente sólo en sus fantasías infantiles, sería una serpiente risueña de los Ghats occidentales hindúes. Y el infaltable Miguel Mery encajaría perfecto como un gato siberiano, grisáceo, esponjoso, con ojos color miel y de pedigrí ruso.
Pongámonos ahora las gafas sociológicas para preguntarnos el origen de los therians.
La humanidad vive una época de modernidad líquida, en palabras del filósofo Zygmunt Bauman, en la cual las identidades ya no son heredadas, sino construidas.
La pertenencia es flexible y el “yo” es un proyecto en permanente edición. Por ello, el fenómeno therian puede entenderse como una forma radical de autodefinición en un contexto donde las instituciones tradicionales (familia, religión, nación) pierden fuerza, la identidad deja de estar anclada exclusivamente en lo biológico y el internet permite crear comunidades altamente específicas.
El therian asume su identidad como una representación social que escenifica, de acuerdo con el sociólogo Erving Goffman, para construir una narrativa personal, encontrar una audiencia digital y recibir validación comunitaria. En este caso, la comunidad virtual funciona como un espejo que confirma, valida e institucionaliza simbólicamente su identidad.
Recordemos que, en una sociedad global hiperconectada, las identidades ya no son masivas (clase obrera, liberal, católico). Ahora se construyen como microidentidades tribales. De ahí que el fenómeno therian sea una tribu digital de alta especificidad con cuatro funciones claras: afirmar un sentido de pertenencia, diferenciarse del mundo adulto, construir un lenguaje propio y generar rituales (símbolos, avatares, etcétera) para solidificar su identidad tribal.
Sociológicamente, el therian no es relevante por su tamaño poblacional, sino porque revela la progresiva deshumanización contemporánea, la fragmentación identitaria de la época, la búsqueda intensa de pertenencia bajo un entorno de abismo generacional y soledad creciente y la expansión del “yo” más allá de categorías biológicas.
El fenómeno therian no significa una ruptura con la sociedad. No. Es un producto coherente de ella y de su momento histórico actual.
Seamos bienvenidos, pues, a una etapa de la humanidad en la cual –progresivamente– la identidad será autoconstruida; la pertenencia ya no dependerá de estructuras jerárquicas (familia, iglesia, partido político, Estado, etcétera) y las comunidades simbólicas serán más poderosas que las instituciones formales.
Preparémonos para ver en unos años, entonces, a lupines, felines, canines, avianes, ursines y equines en las calles, escuelas y espacios públicos de nuestra ciudad. Y, quizá, hasta en nuestras propias familias.
Mientras eso ocurre, apresúrese, estimado lector, a relacionar a sus políticos favoritos con el animal therian que habrían de representar: esa podría ser, como marcan las tendencias, su contribución a tener una clase política therian en el futuro.

Luis García Abusaíd
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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