El peso mexicano cerró el 2025 con una apreciación histórica cercana al 14%, ubicándose en 18 pesos por dólar. Muchos analistas celebran la fortaleza del peso como sinónimo de estabilidad macroeconómica, pero los efectos de una mayor apreciación del peso son asimétricos.
Por un lado, beneficia a los importadores, al gobierno y a los consumidores urbanos. Sin embargo, encarece las exportaciones, a Pemex por las exportaciones de crudo y perjudica a millones de familias que dependen de las remesas.
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Los factores que explican el sólido desempeño del peso fueron una combinación de influjos de inversión extranjera directa con cerca de 43 mil millones de dólares (43 mmdd), del turismo por 35 mmdd, de remesas por alrededor de 60 mmdd. Así, las reservas internacionales registraron 253 mmdd, su máximo histórico. Hay que tomar en cuenta que la apreciación del peso se llevó a cabo de la mano de la fuerte pérdida de valor el dólar.
Los ganadores de un peso fuerte son los importadores y consumidores. Las importaciones crecieron 3.5% de la mano de un peso más apreciado. Asimismo, empresas que importan maquinaria, insumos o tecnología mejoraron sus márgenes de utilidad. Aunque la deuda externa es una fracción de la deuda total, un peso fuerte redujo su costo financiero en el margen. Por otro lado, un tipo de cambio contiene, hasta cierto punto, a la inflación relacionada con bienes importados.
Los perdedores, son principalmente, los exportadores manufactureros las cuales crecieron 6.8% anual en 2025. Los sectores más sensibles son el automotriz, electrónico y de agroexportación. Pemex también sufre con un peso más fortachón. Los envíos del crudo se desplomaron a lo largo del año. Por otro lado, las remesas pierden poder adquisitivo sobre todo en los estados de Michoacán, Guerrero, Zacatecas y Guanajuato. Finalmente, los ingresos públicos se ven mermados ya que el Banco de México no genera un remanente cambiario.
Así, un superpeso tiene un doble filo. El peso fuerte es una bendición macroeconómica pero una maldición microeconómica. Los ganadores son los importadores, el gobierno (deuda externa), consumidores urbanos y empresas con insumos extranjeros. Los perdedores son los exportadores, Pemex, los estados dependientes de remesas y el turismo fronterizo.
La pregunta no es si el peso fuerte es bueno o malo, sino para quién.

JESÚS GARZA
Es director general de Soluciones Financieras GAMMA, CEO de Miri Capital LLC e investigador no residente de Baker Institute en la Universidad de Rice. Tiene un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera, ambas por la Universidad de Essex en el Reino Unido.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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