A meses de que arranquen las discusiones formales sobre el futuro del T-MEC, el presidente estadounidense, Donald Trump, colocó el acuerdo comercial en un plano secundario dentro de su agenda, al considerar que la relación económica con México y Canadá no representa una prioridad estratégica para su país.
Durante una presentación en Michigan y en un foro empresarial en Detroit, Trump sostuvo que Estados Unidos se encuentra enfocado en una política de relocalización industrial, orientada a recuperar cadenas productivas y manufactura dentro de su territorio.
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Bajo esa lógica, el regreso de plantas y empresas al suelo estadounidense se ha convertido en uno de los ejes principales de su postura económica.
En paralelo, el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, señaló que un posible giro unilateral por parte de Washington tendría consecuencias significativas debido a la interdependencia económico-financiera entre ambos países.
Afirmó que Estados Unidos enfrenta límites estructurales para profundizar políticas nacionalistas sin afectar sus propias dinámicas económicas, lo que reduce la probabilidad de una ruptura abrupta.
La discusión sobre el T-MEC se desarrollará en un escenario marcado por tensiones comerciales, relocalización de inversiones y un contexto geopolítico en el que Norteamérica revisa el alcance de su integración económica.