Hay noticias que no sólo informan, sacuden.
El fallecimiento reciente del periodista Julio César «N», originario de la Región Carbonífera, en Coahuila, volvió a poner frente al espejo una realidad incómoda que pocas veces se dice en voz alta: el periodismo también se cansa, también se quiebra, también duele.
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Durante los últimos dias se confirmó que decidio quitarse la vida, una noticia que atraveso al gremio más allá del impacto inmediato.
No por el dato en si sino por todo lo que oblga a mirar hacia adentro: las cargas silenciosas, las presiones constantes y la fragilidad emocional que pocas veces se reconoce dentro de un oficio acostumbrado a narrar la vida de los demás.
En medio de la velocidad de las redes, de la presión por publicar primero y de la incertidumbre económica que enfrentan muchos comunicadores fuera de las grandes redacciones, la salud mental suelo quedar en último lugar.
El periodismo que historicamente ha servido para contar historias ajenas rara vez se detiene a contar la propia. Y ahi está uno de los grandes vacios de nuestra época.
No se trata de convertir una tragedia en espectáculo ni de reducir una vida a un titular. Se trata de abrir una conversación más profunda sobre las condiciones en las que hoy se ejerce el periodismo regional jornadas extendidas, exposición constante, criticas inmediatas y una delgada linea entre lo personal y lo profesional que muchas veces termina por desdibujarse.
Porque hoy no solo se informa desde una cabina o una redacción, se vive conectado, opinado, expuesto. El periodista dejó de apagar el micrófono al terminar of noticiera, ahora el debate continúa en el celular, en los comentarios, en la presión invisible de tener que estar siempre presente.
Hablar de salud mental dentro del gremio todavia incomoda. Existe la idea de que quien informa debe ser fuerte por definición, como si escuchar historias dificiles todos los dias no dejara huella.
Pero el desgaste existe, y se acumula la urgencia de la inmediatez, la precanedad de muchos proyectos independientes, la critica constante y la sensación de que cualquier error puede amplificarse en segundos.
Tal vez este momento doloroso nos obliga a detenemos y a preguntarnos que tipo de periodismo queremos construir hacia adelante.
Uno que siga informando con rigor, si, pero que también aprenda a cuidarse. Que entienda que detrás de cada nota hay una persona que también siente, también duda y también necesita pausas.
No se trata de romantizar el cansancio ni de justificar silencios. Se trata de reconocer que el periodismo regional, ese que sostiene la conversación cotidiana de nuestras ciudades, merece condiciones más humanas.
Porque cuando el periodista se cuida, también se fortalece la comunidad que escucha, que lee y que confia.
Quizá el verdadero aprendizaje de esta noticia no esté solo en lo que pasó, sino en lo que decidamos hacer después: abrir espacios de acompañamiento, hablar sin miedo de lo emocional y recordar que informar no deberia significar desgastarse hasta desaparecer.

EVA FARÍAS
Eva Farias es periodista, comunicadora y narradora de historias con más de 15 años de experiencia. Su voz se distingue por unir lo personal con lo colectivo, con una mirada cercana, crítica y profundamente humana.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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