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Negar la realidad

No existe logro de la presidenta Claudia Sheinbaum, grande o modesto, que las oposiciones y los grupos de presión no minimicen, nieguen o refuten. Esa es su función. Morena, PAN y PRI hicieron lo mismo cuando no eran gobierno, pero sin la misma consistencia y con diferencias notables.

Pues mientras los partidos tradicionales se difuminaban y estaban al servicio de la oligarquía, Morena proponía una agenda social, denunciaba el contubernio de la clase política y ofrecía desmontar la estructura de privilegios del neoliberalismo.
Sin embargo, apostarlo todo por la descalificación y el desgaste, como lo hace la vieja partidocracia y los sectores anti-4T, los alejará aún más de su objetivo: retomar el poder.

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Las oposiciones y los poderes fácticos se resisten a entender que si la mayoría de los mexicanos hubiera preferido permanecer bajo la férula del PRIy el PAN, y repetir el modelo político y económico continuado por Felipe Calderón, Enrique Peña y sus predecesores, habría votado por Josefina Vázquez Mota, José Antonio Meade y Xóchitl Gálvez.

Mas si lo hizo, de manera masiva, por Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum es porque las alternancias previas fueron cosméticas. La ciudadanía exigía cambios efectivos en la conducción del país, incluso radicales, y políticas favorables para los sectores históricamente marginados.

Todos los gobiernos ofrecen resolver los problemas más lacerantes, pero pocos cumplen con las expectativas sociales. Cada Administración registra avances y retrocesos.

Frente a la presión política y mediática, y la reprobación ciudadana por los escándalos de corrupción y el fracaso de sus reformas, Peña replicó: «ningún Presidente se levanta pensando en cómo joder a México». Pero aún sin proponérselo, él y sus predecesores – Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Calderón- causaron más mal que bien. El juicio de las urnas es inapelable.

Tampoco AMLO logró pacificar al país, ni lo dotó del sistema de salud de primer mundo que prometió. Empero, la política salarial incrementó el poder adquisitivo sin generar inflación. Los programas sociales permitieron a 13.5 millones de mexicanos salir de la pobreza, y la separación del poder político y económico canceló el régimen de privilegios y elevó la recaudación fiscal.

De no haber dado resultados la 4T, quizá Claudia Sheinbaum no habría ganado con una votación 20% mayor a la alcanzada por AMLO. El Presidente terminó con una aprobación del 76% y un rechazo del 21% (Enkoll).

AMLO está retirado de la política. Mas si aún continúa vigente, no es por protagonismo -fuera de un video donde presentó su último libro, Grandeza, o un mensaje en redes sociales para solicitar ayuda para Cuba- o actividades más allá de su claustro en Palenque, Chiapas.

Son los medios de comunicación, la comentocracia y sus detractores quienes mantienen viva su imagen en el imaginario colectivo. Si las embestidas contra el fundador de Morena e iniciador de la 4T no le hicieron mella cuando era Presidente, menos ahora que, como diría Salinas de Gortari de sus opositores, «ni los ve ni los oye».

AMLO y su movimiento vencieron al régimen y lo sustituyeron por uno que, lejos de ser la panacea universal, resulta creíble para la mayoría y cercano como pocos a sus anhelos y necesidades. En los 20 años transcurridos entre su primera campaña presidencial y el momento actual, no ha surgido un líder con su capacidad de movilización y persuasión.

Tampoco hay ninguno a la vista, aunque el país los necesita para tener opciones y equilibrios. La culpa no es de AMLO ni de Sheinbaum, sino de las cúpulas partidistas y los grupos de poder por abandonar la formación de cuadros confiables, identificados y vinculados con la mayoría de los votantes.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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