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Morena: Patología y política

¿Cuáles son los rasgos patológicos del estilo de gobernar de Morena?

Su narcisismo colectivo les hace creer que pertenecen a un grupo moralmente superior. Por ello, repiten hasta el cansancio tres frases: “No somos iguales”, “Somos pueblo, no élite neoliberal prianista” y “Nosotros no mentimos, no robamos y no traicionamos al pueblo”.

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Su sectarismo está conformado por un pensamiento político cerrado y binario que divide el mundo en “puros” vs. “corruptos”; rechaza la evidencia externa contradictoria y penaliza la disidencia interna. Su cohesión identitaria es alta, pero su tolerancia a la ambigüedad es baja.

Su paranoia política les obliga a construir enemigos internos y externos bajo un entorno de conspiración permanente como estrategia política polarizante y movilizadora. Esto implica el uso del aparato de Estado para combatir y perseguir de manera despiadada a los saboteadores de la 4T, hasta deshumanizarlos como parásitos, traidores o enemigos del pueblo. En su mira están empresarios, intelectuales, analistas, académicos, políticos de oposición e integrantes de organizaciones de la sociedad civil disidentes.

Su proclividad autoritaria les fuerza a concentrar el poder en la figura del Ejecutivo; controlar los poderes Judicial y Legislativo, así como el electoral (TEPJF e INE); desaparecer los contrapesos institucionales y empobrecer en extremo las capacidades técnicas de las instituciones del Estado.

Porque las decisiones dependen más de lealtades personales que de reglas impersonales e institucionales. En este caso, las instituciones quedan subordinadas a la voluntad, imagen y narrativa del líder en turno.

Sus rasgos antisociales les lleva a violar de manera sistemática reglas formales, acuerdos institucionales y derechos fundamentales cuando les resultan inconvenientes. El ecocidio del Tren Maya y el fracaso de la Refinería Dos Bocas son ejemplos de ello.

Su culto a la personalidad les fuerza a construir una imagen idealizada e infalible de
AMLO o Claudia Sheinbaum mediante propaganda, símbolos, rituales y control narrativo. En este caso, AMLO –no Claudia– es la encarnación del pueblo, la patria y la historia.

Su control total de información busca monopolizar desde el Estado los medios de comunicación y las redes sociales para restringir el acceso a fuentes independientes y sancionar la disidencia informativa. Y con ello, censurar, inducir la autocensura y manipular datos públicos para falsear la realidad a su favor.

Su propaganda es compulsiva, constante, repetitiva y emocionalmente cargada de mensajes oficiales para moldear percepciones públicas. Para ello, satura las mentes de sus simpatizantes con mensajes simplistas para mantener sus emociones activas y fanatizadas de forma permanente.

Su sistema de vigilancia masiva –que recolecta, almacena y analiza datos de los mexicanos de forma sistemática y extensiva– busca monitorear nuestro comportamiento, prevenir la disidencia o anticipar amenazas políticas: la CURP biométrica tendrá reconocimiento facial, seguimiento digital y bases de datos centralizadas.

Su desprecio por la vida es una actitud política en la cual la vida humana está subordinada a objetivos ideológicos, estratégicos y de poder. De ahí su indiferencia ante muertes evitables como las de la pandemia de COVID-19; los niños con cáncer fallecidos por falta de medicamentos y los niños con sarampión muertos sin vacunas.

Sin olvidar, claro, los cientos de miles de muertos, desaparecidos y desplazados por la violencia criminal que azota al país. Y que incluye la trata de niños, jóvenes y adultos, así como la violencia descarnada y repetida contra las mujeres en las 32 entidades de México. Con esta actitud, pareciera ser que Morena justifica moralmente el sacrificio masivo de los mexicanos, con tal de permanecer en el poder para edificar el segundo piso de la llamada transformación (sic).

Sin duda, estas características patológicas que definen el estilo de gobierno morenista están relacionadas con la estructura de la personalidad de AMLO, quien debería tener un equipo de psiquiatras de cabecera en su rancho “La Chingada”.

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Luis García Abusaíd

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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