En esta ocasión te platico la historia de un lugar que hoy está en ruinas, un lugar que llegó a contar con el molino de trigo más grande del norte de México, me refiero al molino “La Colmena”.
Arrancó operaciones en el lejano año de 1856 moliendo trigo para producir harina, y es que fue en estas tierras donde hoy se encuentra nuestra hermosa ciudad de Saltillo el lugar donde se presume que existió uno de los primeros espacios de América donde se sembró cereal. De manera rápida, el molino “La Colmena” se convirtió en una empresa de importancia para la región durante la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX.
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Ubicada en lo que hoy es el cruce de la calzada Emilio Carranza y la calle de Pérez Treviño, llegado antes que su vecino, el Santuario de Guadalupe, el molino es una construcción de ladrillo café que hoy bien pareciera la imagen de una batalla de la segunda guerra mundial, que constan de una edificación que cuenta con más de 80 ventanales y con 20 silos. Déjeme explicarle estimada y estimado Saltillense que los silos son esas estructuras cilíndricas y verticales en las cuales se resguarda o almacenan productos agrícolas a granel, con sus tres pisos en la nave inicial, un predio de 400 metros cuadrados enclavado en el centro histórico de nuestra hermosa ciudad de Saltillo que tiene una historia maravillosa que contar y no podemos olvidar.
Una empresa que, con la maquinaria más moderna de aquella época, importada desde Francia, lograban producir hasta más de 80 toneladas de harina al día, convirtiéndose el molino “La Colmena” en una de las empresas más grandes e importantes de México, llegando a estar en las recetas diarias no sólo de los Saltillenses, sino de muchísimos hogares mexicanos, en cuyas cocinas no podía faltar la harina “El Diluvio”. Incluso existe una historia, no confirmada, que tanta era la demanda de la harina producida por “La Colmena” que en una ocasión tuvieron que adquirir harina de otro costal, es decir de otros molinos para meterla en sacos de la harina “El Diluvio”.
Para el anecdotario queda el doble beneficio que se tenía al comprar los sacos de harina elaborados en “La Colmena” y posteriormente en la harinera Saltillo, ya que después de utilizar la harina en la cocina, los sacos eran usados para elaborar pantalones o bien calzones, los cuales previamente tenían que vivir todo un proceso para retirar completamente la harina con tal de no sufrir las consecuencias de unos calzones duros por almidonados, y no terminar con las nalgas blancas, blancas como el color de aquella harina de trigo de los costales.
Fue fundada en 1856 y vendida por primera vez en 1906, adquirida por los hermanos Genaro y José de la Fuente; por causas desconocidas incendiada en 1925, vendida por segunda vez en 1934, cambiando de nombre a “Harinera de Saltillo”, empezando así la producción de la harina marca “El Diluvio”, un molino de trigo que incluso contaba con su propia espuela de ferrocarril, una empresa orgullosamente Saltillense que fue adquirida por Grupo Gruma, un molino que fue ejemplo de productividad, una historia que no podemos olvidar, una historia que debemos de evitar que caiga ladrillo por ladrillo como su construcción, una historia Saltillense que vale la pena conocer.

Francisco Tobías
Egresado de la UdeC, Master en Gestión de la Comunicación Política y Electoral por la Universidad Autónoma de Barcelona, el Claustro Doctoral Iberoamericano le otorgó el Doctorado Honoris Causa. Es también maestro en Administración con Especialidad en Finanzas por el Tec Milenio y actualmente cursa el Master en FinTech en la OBS y la Universidad de Barcelona.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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