«Nosotros, el pueblo», preámbulo de la democracia más longeva del planeta, sirvió a Donald Trump para engatusar y convertirse en el primer «Presidente imperial» de Estados Unidos. Líderes emanados del pueblo: Abraham Lincoln y James A. Garfield –asesinados a principios de su segundo y primer mandato, respectivamente–. Trump pertenece al uno por ciento de quienes concentran la mitad de la riqueza mundial.
México no sólo es gobernado por primera vez por una mujer en su historia, sino también por la más votada y legitimada.
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Claudia Sheinbaum, reconocida como una de las estadistas más influyentes de 2025 por las revistas Time y Forbes, empieza el año con una aprobación de 74 % (Enkoll-El País) frente al 43% de su homólogo estadunidense (The New York Times).
Estados Unidos no es una república bananera, pero su Presidente se asemeja cada vez más a los dictadorzuelos que pulularon en América Latina el siglo pasado, apoyados o impuestos por Washington.
En 1989, último año del Gobierno de Ronald Reagan, el director de la CIA, William Webster, pidió mayores márgenes de maniobra en misiones exteriores para poder negociar con potenciales golpistas.
«Estados Unidos no se compromete en asesinatos selectivos o individuales. Sin embargo, cuando un déspota se apodera del poder tiene que haber alguna forma de hacer frente a esa situación sin llegar al asesinato político» (‘Estados Unidos pide manos libres para actuar contra dictadores», El País, 17.11.89).
El problema, ahora, lo tienen en casa. El 18 de octubre pasado, legiones de estadunidenses, unidos en torno al movimiento 50501 («50 protestas, 50 estados, un día»), recordaron a sus líderes la máxima de Lincoln, según la cual «la democracia es el Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».
Protestas pacíficas contra el presidencialismo exacerbado de Trump se realizaron ese día en Boston, cuna de la independencia, y en las capitales financiera (Nueva York), política (Washington), logística (Chicago) y tecnológica (Los Angeles) de Estados Unidos.
El grito de «No Kings» resonó por todo el país y trascendió sus fronteras. Una de las manifestaciones más llamativas fue la de Times Square, vecina de la Torre Trump en Midtown Manhattan, donde las pancartas «La Constitución no es opcional» y «Democracia, no monarquía» centraron la atención.
En las manifestaciones participaron alrededor de siete millones de personas.
Sasha Mudd, doctora en Historia y Filosofía por la Universidad de Cambridge, escribe en «No Kings» y la esperanza de una reacción a Trump»: «Las protestas -pacíficas, plurales y decididamente cívicas- se han convertido en la mayor manifestación pública en la historia de EE. UU.
El ambiente de las marchas fue abrumadoramente alegre y pacífico: los manifestantes portaban pancartas en defensa de los principios estadunidenses de democracia, libertad de expresión, igualdad y Estado de derecho» (El País, 22.10.25).
La policía reportó en Nueva York «cero detenidos», subraya.
La respuesta de la Administración: «Yes, We Want Kings» («Sí, queremos reyes») representa, para la profesora de la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, «una admisión desnuda de la intención antidemocrática del Gobierno.
Bajo la dirección de Trump, el movimiento MAGA se aleja cada vez más incluso de la apariencia de mantener la política democrática -como espacio de debate y persuasión entre partidos opuestos- y deslegitima la noción misma de oposición política»
El Gobierno trumpista confirma que las segundas partes nunca fueron buenas.
Los estadunidenses, guardianes celosos de sus instituciones democráticas, tienen la oportunidad de poner límites a su rey desnudo en las elecciones intermedias de este año.

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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