La captura de Nicolás Maduro por parte de las autoridades estadounidenses me causó la misma falta de respiro que provocará en los terrícolas cuando pierdan todo su oxígeno para respirar dentro de mil millones de años por el aumento del brillo solar, o mucho antes, por el cambio climático, como lo señalan científicos de la Universidad de Toho (Japón) y del Instituto de Tecnología de Georgia (Estados Unidos).
Mi preocupación no era Maduro, de ninguna manera, sino el fin de una época para la humanidad, en la cual tres superestados autoritarios gobernarán al mundo, tal como lo previó George Orwell en su texto profético titulado “1984”, publicado el 8 de junio de 1949.
LEE MÁS DEL AUTOR LUIS GARCÍA ABUSAÍD
Estados Unidos buscará controlar América y Groenlandia. Y fortalecerá su presencia en Europa, incluido el Reino Unido. Y apuntalará su alianza con Japón, Corea del Sur y Taiwán.
China querrá implantar su hegemonía en los 11 países del sudeste asiático: Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Birmania, Singapur, Tailandia, Timor Oriental y Vietnam; y en los países africanos donde ha sido socio comercial dominante durante los últimos 15 años: con intercambios que superan los 282 mil millones de dólares; con una inversión estratégica de 150 mil millones de dólares en minería (minerales críticos para la transición energética), energía y transporte, y una serie de préstamos y créditos a esos países africanos que alcanzan la cantidad de 170 mil millones de dólares.
Los países africanos anclados a esa estrecha relación con China, que combina exportación de recursos, formación de profesionales en estándares técnicos chinos y tecnología y seguridad militar, son más de 15. De manera puntual, menciono Angola, Argelia, Camerún, Ghana, Libia, República Democrática del Congo, Senegal, Yibuti, Zambia y Zimbabue.
Por su parte, Rusia buscará recuperar su poder en países de Europa del Este, con énfasis en Ucrania. Y, a la par, reafirmará su presencia en África a través del apoyo militar directo, despliegue de asesores, venta de armas, acuerdos de cooperación militar y acceso a minas, contratos energéticos, inversiones e intercambios comerciales que brinda a Guinea Ecuatorial, Libia, Mali, Mozambique y la República Centroafricana, entre otros.
El Medio Oriente y otras regiones del mundo serán disputados por los tres países.
El 2026 será visto como el cierre de una etapa marcada por crisis y transformaciones, para abrir una época montada sobre el Caballo de Fuego del horóscopo chino de este año, que dibujará –entre la polarización política, el autoritarismo, la manipulación digital, las crisis económicas y las tensiones bélicas– la distopía abrazada a la muerte de la democracia o utopía, en la cual el poder territorial geopolítico será revalorizado, la competencia por recursos estratégicos será feroz y el multilateralismo –para resolver conflictos globales– sucumbirá ante el poder de los tres Estados autoritarios: Estados Unidos, China y Rusia, que negociarán el devenir del mundo a partir de sus intereses políticos particulares.
En los tiempos por venir, tenderá a desaparecer el armazón democrático que luchaba por el bienestar colectivo y la equidad, porque llegarán el control estricto, el orden vertical y la supervivencia del poder autoritario. Las instituciones transparentes y participativas que legitimaban al Estado de derecho serán sustituidas por una concentración personalista del poder, y el estado de excepción será utilizado cuantas veces sea necesario.
Los derechos humanos y las garantías individuales, hoy garantizados y ampliados, serán restringidos y vigilados. La economía que intentaba ser sostenible y redistributiva, pasará a ser extractiva o militarizada y profundizará –aún más– las desigualdades sociales globales. La tecnología perderá su preocupación por ser humanizada para preservar la dignidad de las personas, y será convertida en un instrumento de control y vigilancia.
La cultura cívica, otrora fuente de pluralismo, diálogo y deliberación, será transformada en propaganda, polarización y miedo. La dimensión sustentable del medio ambiente será sujeta a una degradación y explotación irracional e intensiva.
Finalmente, la aspiración democrática elemental: vivir cohesionados y resilientes en la diferencia pasará a ser una experiencia de vida alienada, desigual y conflictiva en la cotidianeidad.
La distopía nos alcanzó, aunque Maduro nunca lo haya imaginado.

Luis García Abusaíd
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
MÁS EDITORIALES, ARTÍCULOS Y REFLEXIONES EN ASÍ DICE