Si para Andrés Manuel López Obrador gobernar «no tiene mucha ciencia», y la política, más que arte, es «juicio práctico, transformar, hacer historia (…), un oficio noble que permite a la autoridad servir a sus semejantes», para la presidenta Claudia Sheinbaum la Reforma Electoral rechazada por el Congreso era «muy sencilla».
En Comondú, Baja California Sur, último territorio federal que se convirtió en estado, la Mandataria tocó uno de los temas que pusieron en 20 uñas a la partidocracia: los diputados plurinominales. «Está bien que haya 200 diputados, de acuerdo a la proporción de los partidos, pero (…) que los elija el pueblo; si votaste por un partido, pues también elige a los de representación proporcional».
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Después de revisar el dictamen de la comisión encargada de elaborar las propuestas sobre la reforma, para evitar «contradicciones», la Presidenta envió al Congreso la iniciativa para su análisis y discusión. Sheinbaum había resistido las presiones de propios y extraños, incluida la «comentocracia».
Frente a la firmeza de la Presidenta, los partidos Verde (PVEM) y del Trabajo (PT), socios de Morena, tomaron el camino más riesgoso: desafiarla y romper la mayoría calificada en el Congreso para bloquear la iniciativa. Pasaron por alto que sin el paraguas de la 4T, en las elecciones del año próximo no tendrán la misma representación en el Congreso ni en los Gobiernos locales.
El coordinador de la fracción parlamentaria del PVEM en el Senado, Manuel Velasco, había declarado la víspera de la presentación del proyecto, que las coincidencias con la iniciativa presidencial eran de «un 90 o 95 %».
El Comité Ejecutivo Nacional se deslindó. El PVEM es un partido familiar, registrado por el Instituto Federal Electoral (IFE) en 1993. Su primer candidato presidencial, en 1994, no podía ser otro que su fundador: Jorge González Torres (expriista), cuyo lema de campaña resultó tan persuasivo como eficaz: «No votes por un político». Los electores no se fueron con el engaño y solo 327 mil cruzaron la boleta del partido del tucán. Un honroso 0.9% de la votación total.
Para evitar el riesgo de perder su registro, el PVEM se coligó con el PAN en las elecciones de 2000 y contribuyó al triunfo de Vicente Fox.
La alianza no duró ni la luna de miel. EI senador Jorge Emilio González Martínez, «el Niño Verde», acusó a Fox de marginar a su partido y de no cumplir sus promesas. La ruptura se debió a que el Gobierno del «cambio» no cedió al PVEM las posiciones a las cuales creía tener derecho, como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Fox siguió el consejo de no rodearse de políticos, y designó a un técnico, Víctor Lichtinger.
Al PVEM le falló la puntería en 2006, cuando apoyó la candidatura del priista Roberto Madrazo. En esa elección —la más controvertida después de la de 1988— Felipe
Calderón fue declarado ganador entre acusaciones de fraude y el país volcado en favor de Andrés Manuel López Obrador.
El PVEM mantuvo su apuesta por el PRI en 2012; acertó, pero en el Gobierno de Enrique Peña Nieto no tuvo relevancia. Las mejores sociedades de los verdes han sido con Morena. En el Congreso desplazó al PRI como tercera fuerza política y al PAN le pisa los talones: tiene 62 diputados y 14 senadores.
También gobierna San Luis Potosí, donde la sucesora de Ricardo Gallardo podría ser su esposa Ruth González Silva, aun cuando la presidenta Sheinbaum se opone al nepotismo.
Romper con el partido de la 4T puede regresar al PVEM a la irrelevancia.

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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