La semana dejó un mensaje inequívoco para la industria siderúrgica mexicana: el mercado estadounidense sigue siendo el eje, pero también el principal foco de vulnerabilidad.
Las cifras de cierre del año 2025 fueron contundentes. En diciembre, las exportaciones mexicanas de productos de acero para consumo hacia Estados Unidos se desplomaron 58.12%, al ubicarse en 124,353 toneladas. Más severo aún fue el retroceso de 70.64% en productos de acero al carbón, que apenas alcanzaron 66,368 toneladas.
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En todo el año 2025, los envíos de productos de acero para consumo a EUA retrocedieron 19.66%, a 2.56 millones de toneladas. La caída confirma que el entorno comercial se ha endurecido, no sólo por factores de demanda, sino por la incertidumbre regulatoria y arancelaria que volvió a escalar en la recta final del año.
El mensaje para los productores mexicanos es claro: depender del mercado estadounidense bajo reglas cambiantes implica asumir un riesgo político creciente.
Aranceles: ruido político, poca claridad
En Washington, la narrativa sigue fragmentada. El gobierno de Estados Unidos evalúa “ajustes operativos” en los aranceles al acero y aluminio, mientras analiza revisiones específicas para países como Argentina. Sin embargo, el propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, puso en duda que se produzca una reducción de aranceles en el corto plazo.
En paralelo, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que funcionarios estadounidenses comentaron al secretario de Economía, Marcelo Ebrard, que habría ajustes en las tarifas al acero. La palabra “ajustes” es suficientemente ambigua como para mantener al mercado en vilo.
El componente jurídico añadió otra capa de complejidad. Un fallo del Supremo estadounidense cuestionó el uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles durante la administración de Donald Trump. Canadá reaccionó con cautela, consciente de que cualquier precedente puede redefinir el marco comercial regional.
En resumen: el debate ya no es sólo comercial, sino constitucional. Y eso prolonga la incertidumbre.
Monterrey: expansión en medio del ruido
Mientras el frente externo se vuelve impredecible, en México la apuesta industrial continúa. Ternium arrancó nuevas líneas de producción como parte de la tercera etapa de expansión de su Centro Industrial en Pesquería, Nuevo León.
La decisión es estratégica. Nuevo León se consolida como el principal polo acerero del país, impulsado por el nearshoring y la integración con la cadena automotriz. La expansión en Pesquería no sólo incrementa capacidad, también envía una señal de confianza de largo plazo en el mercado norteamericano.
Sin embargo, la paradoja es evidente: se invierte para crecer en una región donde el acceso puede verse limitado por decisiones políticas, al menos en el corto plazo, aunque estas inversiones son de largo plazo.
El balance
La industria mexicana del acero arranca el año con dos fuerzas en tensión. Por un lado, una caída relevante en exportaciones que evidencia fragilidad en el frente externo. Por el otro, inversiones industriales de gran escala que apuntan a capturar oportunidades de relocalización productiva.
El pulso es mixto, pero el riesgo es claro: si los aranceles se consolidan o se endurecen, el ajuste en volúmenes podría prolongarse. Si, en cambio, prevalece una revisión técnica y jurídica que estabilice el marco comercial, México podría recuperar terreno rápidamente.
El mercado podrá analizar inventarios y spreads. Las acereras podrán invertir miles de millones en expansión. Pero mientras la política comercial de Estados Unidos se mueva al ritmo de decisiones personales, el pulso del acero seguirá marcado menos por los hornos… y más por cómo amanezca Trump.