El acero dejó de responder únicamente a los ciclos económicos. Hoy se mueve, sobre todo, por decisiones políticas. Esta semana lo confirmó: Estados Unidos mantuvo sin cambios su postura sobre los aranceles bajo la Sección 232, México elevó su presión comercial dentro del T-MEC y el mercado volvió a mostrar señales mixtas en demanda, inversión y precios. El resultado es un sector que opera más por cautela estratégica que por impulso industrial.
El precio del acero cerró en 979 dólares por tonelada, con un avance marginal semanal pero acumulando cuatro semanas consecutivas al alza y una ganancia cercana a 4.3%. Más que un repunte coyuntural, el movimiento refleja resiliencia en un entorno dominado por incertidumbre comercial.
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En el mercado físico, compradores y distribuidores siguen reportando inventarios bajo vigilancia y decisiones de compra prudentes, atentos más al frente político que a la dinámica de consumo.
El verdadero eje del mercado, sin embargo, está en la estructura global. La sobrecapacidad mundial de acero supera los 500 millones de toneladas, de acuerdo con estimaciones citadas por ALACERO, y continúa siendo el principal factor que distorsiona precios, márgenes y flujos comerciales.
En el centro de esa ecuación está China, que concentra más del 55% de la producción mundial y una porción dominante de la capacidad excedente. Esta presión estructural explica el endurecimiento del proteccionismo, la persistencia de los aranceles y la creciente visión del acero como activo estratégico nacional.
En Norteamérica, el frente comercial sigue abierto. Estados Unidos mantiene su narrativa de defensa industrial para preservar capacidad productiva frente a la sobreoferta global, mientras la falta de claridad sobre eventuales ajustes arancelarios prolonga la volatilidad y enfría decisiones de inversión.
México, por su parte, intensificó su presión para eliminar barreras comerciales, aunque enfrenta un desafío estructural propio: alrededor del 43% del mercado nacional es abastecido por importaciones, según datos de CANACERO, el nivel más alto en años y señal de una presión externa persistente más que coyuntural.
En este contexto, el capital se mueve con cautela. La inversión siderúrgica está cada vez más condicionada por el riesgo comercial y menos por las señales tradicionales del ciclo económico. La política arancelaria influye directamente en precios y márgenes, mientras la volatilidad se consolida como rasgo permanente del mercado. El acero ya no responde sólo a la lógica industrial; responde a la geopolítica, al comercio y a la seguridad económica.
La conclusión es clara. Primero, la sobrecapacidad global seguirá marcando el rumbo del sector. Segundo, China continúa definiendo el equilibrio estructural del mercado. Y tercero, la política comercial domina hoy la dinámica del acero por encima de la economía. Norteamérica será el epicentro de este reordenamiento, en un escenario donde el acero dejó de ser simplemente una materia prima para convertirse en instrumento de poder industrial.