Hablar del sistema de salud en México es hablar de una deuda histórica que, sexenio tras sexenio, se ha intentado saldar sin éxito. Hoy, bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, se vuelve a plantear una solución ambiciosa: el llamado Servicio Universal de Salud.
La pregunta es inevitable: ¿estamos frente a una transformación real o ante otro intento condenado a repetir errores del pasado?
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El anuncio es, en papel, prometedor. El nuevo modelo busca que cualquier mexicano pueda atenderse en cualquier institución pública —ya sea el IMSS, ISSSTE o IMSS-Bienestar— sin importar su afiliación. Incluso se plantea una credencial única y la compatibilidad de expedientes clínicos. Sin embargo, la implementación será gradual, iniciando en 2027 y extendiéndose hasta 2028.
El discurso oficial habla de eficiencia, cobertura y universalidad. La presidenta ha calificado el proyecto como “un paso histórico”, con la meta de que todos los mexicanos puedan recibir atención médica sin restricciones institucionales.
Pero la realidad del sistema de salud mexicano obliga a poner los pies en la tierra.
UN SISTEMA FRAGMENTADO Y REBASADO
México no parte de cero. En las últimas décadas se han creado múltiples modelos para ampliar la cobertura: desde el IMSS tradicional hasta el extinto Seguro Popular, impulsado por Julio Frank, que logró—con todas sus limitaciones— ampliar el acceso a millones de personas sin seguridad social.
Tras su desaparición, el Insabi fracasó en consolidarse, y el IMSS-Bienestar ha intentado llenar ese vacío sin lograr resolver problemas estructurales. Hoy, la propuesta de universalizar el sistema parece más una reorganización administrativa que una solución de fondo.
Especialistas han advertido que el actual enfoque continúa siendo limitado, centrado en la atención curativa y sin atacar determinantes estructurales de la salud, además de mantener inercias del modelo anterior sin innovaciones profundas.
EL PRINCIPAL OBSTÁCULO: LA REALIDAD HOSPITALARIA
El problema no es la idea de universalizar, sino la capacidad para sostenerla.
Hospitales del IMSS e ISSSTE enfrentan desde hace años:
- Falta de medicamentos
- Saturación en consultas
- Infraestructura deteriorada
- Escasez de especialistas
Incluso el propio gobierno federal ha reconocido la necesidad de contratar miles de médicos especialistas para cubrir el déficit nacional, evidencia clara de que el sistema actual está lejos de operar con suficiencia.
Pretender que cualquier mexicano pueda atenderse en cualquier institución, sin haber resuelto antes estas carencias, podría generar un efecto contrario al esperado: mayor saturación, tiempos de espera más largos y una percepción generalizada de deterioro en la calidad del servicio.
EL CHOQUE CON LA REALIDAD LABORAL
Otro punto delicado —y poco discutido— es el impacto en el esquema de financiamiento.
Millones de trabajadores formales y empresas aportan cuotas al IMSS. Este modelo contributivo genera una expectativa legítima: acceso preferencial y servicios diferenciados. Si el sistema se vuelve completamente abierto, surge una pregunta incómoda: ¿qué incentivos quedan para quienes financian el sistema?
Sin una reforma fiscal o financiera clara, el riesgo es evidente: descontento entre contribuyentes, presión presupuestal y un sistema más cargado de lo que ya está.
¿EL REGRESO DE UNA IDEA SIN RESOLVER?
El concepto de cobertura universal no es nuevo. De hecho, fue el espíritu del Seguro Popular: ampliar el acceso sin colapsar las instituciones existentes. La diferencia es que hoy se busca integrar todo el sistema público en uno solo.
El problema es que integrar estructuras débiles no necesariamente genera una estructura fuerte.
ENTRE LA ASPIRACIÓN Y LA EJECUCIÓN
El Servicio Universal de Salud representa una aspiración legítima: que nadie en México se quede sin atención médica. Pero también encierra un riesgo: repetir el ciclo de reformas ambiciosas que no logran traducirse en mejoras reales para los pacientes.
Porque al final del día, el éxito de cualquier sistema de salud no se mide en decretos, ni en credenciales digitales, ni en discursos políticos.
Se mide en algo mucho más simple y más urgente: si un paciente encuentra medicamento y si lo atienden a tiempo. Hoy, esa sigue siendo la gran deuda.
Buen fin de semana, la frase: “La nostalgia es uno de los regalos que los años dan a cambio de todo lo que quitan”. ¡Ánimo!

Héctor Reyes
HÉCTOR REYES es experto en comunicación desde hace más de 27 años en diferentes dependencias y entidades públicas de Coahuila. Actualmente es Director de Comunicación del Municipio de Ramos Arizpe.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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