La ruta del poder

La clase política tiene olfato y el 19 de enero, guiada por esa intuición o por conocimiento previo, acudió en masa al primer informe del diputado Jericó Abramo Masso.

El acto se desarrolló en el Biblioparque Norte, construido cuando fue alcalde de Saltillo en los terrenos de la antigua Zincamex, símbolo, en su tiempo, de progreso por sus altas chimeneas y la contaminación que generaba.

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La asistencia del «primer priista de Coahuila», Manolo Jiménez Salinas, explica la elevada concurrencia y el toque futurista de la ceremonia.

Aunque en estricto rigor no se trataba de un acto partidista, pareció el ensayo del banderazo de salida de la sucesión en cierne.

Asistieron dos de los cuatro exgobernadores: Enrique Martínez y Rubén Moreira. El primero recibió una mejor acogida. Rogelio Montemayor renunció al PRI por la mascarada para imponer a un porro (Alejandro Moreno) y a su pandilla en una organización que, en mejores manos, aún estaría viva. Humberto Moreira fue expulsado del partido que presidió por 11 meses, después de haber dejado la Gubernatura.

El ambiente era de fiesta… de predestape, por las circunstancias y porque en el tercer año de Gobierno es cuando el primer priista empieza a acomodar el tablero sucesorio.

Los gobernadores empezaron a nombrar sucesor cuando la alternancia política hizo perder a los presidentes esa prerrogativa. La oposición del priismo local al centralismo y la migración de cuadros al PRD, como Ricardo Monreal, quien, bajo las siglas del partido encabezado entonces por Andrés Manuel López Obrador, ganó la Gubernatura de Zacatecas, ayudaron a cambiar el escenario en los estados.

Humberto Moreira formaba parte de la baraja de Enrique Martínez, pero no era el único, había otros con mayor trayectoria y mejor calificados. Sin embargo, en una comida multitudinaria en Parras, por su cumpleaños, a la que asistió Martínez, se destapó y los demás aspirantes quedaron en el limbo.

El destape de Rubén Moreira ocurrió también en una comida que el Alcalde interino de Saltillo, Jorge Torres López, le ofreció para celebrar su cumpleaños. Seis años más tarde, un banquete en el Parque España de Torreón, por el aniversario del presidente municipal, Miguel Riquelme, fue el marco para anunciar su unción como sucesor de Moreira II.

A Manolo Jiménez no fue en una comida desde donde se le abrieron las puerta del Palacio de Gobierno, sino en su toma de posesión como Alcalde de la capital por un año; después sería reelecto. Riquelme estaba en deuda con él por los votos que le aportó para revertir un resultado adverso frente al panista Guillermo Anaya. Jiménez arropó al lagunero y lo integró a su círculo de amigos y empresarios.

En su intervención en el informe de Abramo, el Gobernador habló de una alianza con el diputado —de quien fue regidor en el Ayuntamiento—, reconoció su trabajo en la Cámara Baja y de los recursos que ha gestionado para Coahuila.

En primera fila observaba un invitado especial: José Antonio Meade, quien, de haber ganado la presidencia en 2018, el gobernador del estado quizá sería Jericó. Frente al estrado, donde el legislador caminaba de un lado a otro, dueño de la situación y con la experiencia de bregar en la política durante décadas, otros aspirantes a la gubernatura cavilaban sobre el momento actual y su futuro.

Nada, por supuesto, está todavía escrito, pero las señales se repiten. Un día después del informe, el gobernador Jiménez puso en marcha el Programa Alimentario, acompañado de Abramo.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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