El dicho es viejo, pero no pierde vigencia: «Cuando Estados Unidos estornuda, a México le da pulmonía». Gerardo Moyano escribe sobre el tema en el nuevo número de Espacio 4.
«La industria automotriz global atraviesa un punto de inflexión que combina factores tecnológicos, financieros y políticos. Tras años de expansión sostenida y de apuestas ambiciosas por la electrificación, el sector enfrenta una etapa de corrección marcada por menores expectativas de consumo, mayores costos de producción y una creciente cautela inversora.
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«Este reacomodo no ocurre en el vacío: se desarrolla en un entorno internacional atravesado por tensiones geopolíticas y por un cambio de clima político en Estados Unidos. En menor ritmo en la fabricación de vehículos eléctricos ha sido uno de los detonantes centrales. Los fabricantes planearon un ritmo de transición más rápido del que el mercado ha demostrado estar dispuesto —o en condiciones— de absorber. Infraestructura insuficiente, precios elevados y menor acceso al crédito han limitado la demanda, obligando a las armadoras a revisar calendarios, reducir volúmenes y posponer inversiones.
«A este escenario se suma un viraje en la política industrial estadunidense. Con Donald
Trump nuevamente como figura dominante del debate público y electoral, los subsidios a la fabricación y compra de autos eléctricos han quedado bajo cuestionamiento. El discurso contra los apoyos federales y las regulaciones ambientales introduce un factor de incertidumbre adicional para un sector que había construido parte de su estrategia sobre esos incentivos. Las consecuencias de este giro no se limitan al territorio estadunidense. La industria automotriz de América del Norte funciona como una red altamente integrada, donde decisiones tomadas en Detroit o Washington repercuten de manera casi inmediata en plantas ubicadas en México. La lógica de eficiencia que impulsó la relocalización productiva también amplifica los impactos de los ajustes.
«En ese contexto, el anuncio del despido de 1,900 trabajadores en la planta de General Motors en Ramos Arizpe, Coahuila, se convirtió en una señal de alerta. Aunque la empresa lo explicó como parte de una reestructuración operativa, el recorte evidencia cómo los cambios en la estrategia global de las armadoras terminan traduciéndose en costos sociales localizados.
«Coahuila, uno de los principales polos automotrices del país, concentra no sólo líneas de ensamble, sino cadenas de proveedores, servicios y empleo indirecto que dependen del ritmo de producción. Cualquier ajuste de esta magnitud tiene efectos que van más allá de la planta y alcanzan a la economía regional.
«La presidenta Claudia Sheinbaum ha reconocido que los despidos se inscriben en una coyuntura internacional compleja, pero subrayó que el Gobierno federal mantiene diálogo con la empresa y con autoridades estatales para atender el impacto laboral. Ha insistido, además, en que México debe fortalecer su mercado interno y avanzar hacia una mayor integración tecnológica para reducir su vulnerabilidad.
«Durante la última década, la automotriz global se benefició de un entorno de crédito barato, cadenas de suministro estables у expectativas optimistas sobre la electrificación. Ese escenario permitió a las grandes armadoras expandirse, diversificar plataformas y anunciar inversiones multimillonarias en nuevas tecnologías. Hoy, ese impulso se ha agotado.
«Los costos asociados con la transición energética resultaron más altos de lo previsto.
Baterías, minerales estratégicos y reconversión de plantas elevaron la presión financiera, especialmente en un contexto de tasas de interés más elevadas. La rentabilidad, que había quedado en segundo plano frente al crecimiento, volvió a ocupar un lugar central en la toma de decisiones. Frente a una demanda que avanza con mayor lentitud, las empresas optaron por estrategias defensivas: reducción de turnos, ajustes de personal y priorización de modelos híbridos o de combustión más rentables en el corto plazo.
La electrificación no desaparece, pero deja de ser el eje exclusivo del negocio.
»Este proceso ha tenido un carácter desigual.
Las plantas más nuevas o altamente especializadas, como varias ubicadas en México, se convierten en puntos sensibles dentro de la cadena, no por falta de competitividad, sino por su rol como plataformas de ajuste.
La lógica corporativa responde a la necesidad de proteger márgenes y responder a accionistas, incluso cuando ello implica costos sociales significativos. En ese sentido, los despidos masivos funcionan como un mecanismo de corrección rápida frente a
escenarios inciertos».

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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