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La IA: ¿Una amenaza en las elecciones del 26?

La inteligencia artificial, IA, ya no es una promesa lejana ni un concepto reservado a la ciencia ficción. En el contexto de las elecciones de México en 2026, la IA se ha convertido en un factor real que obliga a repensar cómo se ejerce, protege y fortalece la democracia. Su presencia plantea varias preguntas: ¿está México preparado para que la tecnología influya en uno de los pilares más sensibles de la vida pública? ¿la IA, es una amenaza seria para las elecciones que se desarrollarán en distintos estados el presente año?

Por un lado, el discurso institucional destaca las bondades de la IA: Automatizar procesos de fiscalización, detectar irregularidades en campañas, analizar grandes volúmenes de información y fortalecer la transparencia son objetivos legítimos y necesarios, es lo que se lee y comenta.

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En un país donde la desconfianza hacia las instituciones electorales ha sido históricamente un desafío, cualquier herramienta que prometa mayor eficiencia y vigilancia resulta atractiva. Sin embargo, confiar en la tecnología sin un marco ético sólido puede ser tan riesgoso como ignorarla.

El verdadero foco de preocupación no está en el uso institucional de la inteligencia artificial, sino en su aplicación política y social sin control. La facilidad con la que hoy se pueden generar audios falsos, vídeos manipulados o campañas automatizadas de desinformación representa una amenaza directa a la deliberación pública. En un entorno polarizado, donde las redes sociales ya funcionan como cámaras de eco, la IA puede amplificar mentiras con una velocidad inédita, desgastando la capacidad del ciudadano para distinguir entre información veraz y propaganda fabricada.

A diferencia de elecciones pasadas, el reto ya no es únicamente vigilar el gasto de campaña o la legalidad de los actos proselitistas, sino proteger la verdad. La democracia no solo se vulnera cuando se alteran votos, sino cuando se distorsiona la percepción del electorado. En ese sentido, la inteligencia artificial introduce una nueva forma de riesgo: la manipulación invisible, masiva y aparentemente legítima.

El vacío normativo agrava el escenario. México aún discute una regulación integral sobre la IA, mientras el calendario electoral avanza. Esto coloca a las autoridades en una posición reactiva, intentando adaptar reglas del siglo pasado a tecnologías del presente. La falta de claridad sobre responsabilidades, sanciones y límites deja abiertas grietas que pueden ser aprovechadas por actores políticos sin escrúpulos o por intereses externos.

No obstante, “satanizar” la inteligencia artificial sería un error. El problema no es la tecnología, sino la ausencia de controles democráticos sobre su uso.

Las elecciones de 2026 no solo definirán cargos públicos; marcarán el primer gran examen de la democracia mexicana frente a la inteligencia artificial. El resultado no dependerá exclusivamente de urnas o algoritmos, sino de la capacidad del Estado, los partidos y la sociedad para establecer reglas claras, exigir responsabilidad y defender el derecho ciudadano a decidir con información libre y auténtica.

En este nuevo escenario, la democracia no compite contra la tecnología, sino contra su uso irresponsable. Y el tiempo para actuar no es después de la elección, sino ahora.

Buen fin de semana, la frase: “Haganse una limpia con un huevo, abracen un árbol o contemplen el mar, pero, ¡no sean malvibrosos!”. ¡Ánimo!

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Héctor Reyes

HÉCTOR REYES  es experto en comunicación desde hace más de 27 años en diferentes dependencias y entidades públicas de Coahuila. Actualmente es Director de Comunicación del Municipio de Ramos Arizpe.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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