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La 4T: El retorno al mundo jurásico

Los vientos de la humanidad perdieron su brújula civilizatoria para probar, una vez más, que la historia no es progresiva, lineal ni ascendente.

Esa tendencia está enmarcada en lo que la intelectual rusa Svetlana Boym llamó la nostalgia restaurativa: “volver al pasado como era”, a partir de “una idealización de épocas anteriores” que permitan recuperar los “valores y el orden de antes”.

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Este contexto anticivilizatorio es sostenido por el populismo en sus distintas versiones, a lo largo y lo ancho del mundo, para justificar autoritarismos políticos y nacionalismos excluyentes que rechazan la globalización, la democracia e identidades étnicas, raciales, religiosas y de preferencia sexual.

La 4T es guía y referente en nuestro país de esa involución civilizatoria que impactará nuestras vidas en esta primera mitad del siglo 21.

Cierto, la 4T –aunque priistas y panistas se resisten a la mínima autocrítica– expresa el hartazgo con el modelo económico anterior: depredador, corrupto e impune. Por ello, ésta canaliza de manera exitosa una necesidad de revancha colectiva de generaciones de mexicanos excluidos por décadas de ese modelo que, de manera paradójica, era sostenido por partidos políticos que nunca cumplieron a esos mexicanos, a pesar de su voto clientelar – o no–, con el mínimo de sus expectativas de movilidad social.

Una vez en el poder, la 4T siguió el manual populista, a pie juntillas, para retornar al pasado nostálgico restaurativo. El primer paso fue destruir los frágiles cimientos democráticos del país.

Para ello, utilizó la nostalgia –como narrativa de retorno a nuestras raíces prehispánicas– para rescatar los valores “esenciales e inmanentes del pueblo” y contrastar esos valores “del pueblo bueno y sabio” con los de la élite neoliberal “corrupta e ignorante”. Idealizó (y reescribió) un pasado histórico a su conveniencia y lo simplificó para reafirmar el sentido de identidad y pertenencia nacionalista del “pueblo bueno” mexicano contra “las élites corruptas” y extranjerizantes.

En un segundo paso, AMLO utilizó su liderazgo carismático para concentrar el poder en el Ejecutivo de manera personalista, mientras debilitaba de manera sistemática los contrapesos institucionales e implementaba programas sociales y transferencias económicas, sin intermediarios, a la mayoría de la población. De esta manera, centralizó el poder en su persona y, a la par, extendió en un sentido amplio, sin rendición de cuentas, los apoyos sociales en todos los estratos sociales.

En un tercer momento, la capacidad zorruna de AMLO le permitió establecer a través de “las mañaneras” una comunicación directa con el pueblo, mientras torcía a placer la información y descalificaba el diálogo crítico con analistas y expertos. Los datos y la evidencia fueron reemplazados por relatos con más de “100 mil afirmaciones falsas, engañosas o no comprobables en las conferencias matutinas de AMLO” (Consultora SPIN: 2024).

En su furor nacionalista, propio del Milagro Mexicano de 1940 a 1970, que tuvo una tasa de crecimiento promedio del 6 por ciento, llegó el cuarto paso: AMLO reafirmó el papel del Estado en sectores estratégicos, como petróleo, energía e infraestructura, para aislar a México del mundo e impedirle fortalecer su competitividad global.

No satisfecho con girar una tuerca más de la historia para regresarnos al pasado, con una visión marxistoide de poca monta, AMLO impulsó un modelo más ideológico que educativo (la Nueva Escuela Mexicana), que condenará a las futuras generaciones de niños y adolescentes (de educación inicial a media superior) a permanecer ausentes de un mundo complejo, competitivo y global, con un serio déficit en pensamiento crítico y analítico, habilidades socioemocionales, idiomas, vinculación con el mundo productivo, creatividad, autonomía y comprensión de habilidades digitales, y sin una evaluación rigurosa ni mejora continua de sus competencias educativas.

México está de regreso al Parque Jurásico y nostálgico de los años cincuenta, cuando “la democracia perfecta” era una fachada para ejercer un poder autoritario sin cortapisas. De esta manera, la 4T rinde –aunque no lo acepte– un entrañable homenaje a la peor versión de su código genético priista.

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Luis García Abusaíd

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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