Es momento de que se den cuenta quienes nos gobiernas que vivimos en tiempos en el cual la incertidumbre juega un papel importante y la rigidez mental no es una buena herramienta de gobierno.
Ahora que se busca analizar la actuación del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en el marco de las leyes internacionales, sería bueno que quienes lo hagan se den cuenta de que @POTUS no está jugando cuando asegura que el único límite que tiene en sus actuaciones es su moral.
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De alguna u otra forma, Trump es el eco de lo que está sucediendo en el ámbito internacional, en el cual son varios los países a los que poco o nada les importan esas legislaciones, salvo cuando les sirven para protegerse.
No se trata de justificar al presidente norteamericano, no creo francamente que lo necesite, se trata sí, de intentar entender el futuro que nos espera o que espera a nuestras familias, uno en el cual la civilización tal y como la conocemos puede dejar de existir y nos enfrentemos a la volatilidad que puede hacer que nuestra supervivencia sea más difícil.
A la mayoría de nosotros nos tocó habitar un mundo en el cual una de las aspiraciones era alcanzar un estado democrático más o menos estable, con todos los “asegunes” que puede tener el concepto de democracia.
Sucede que existen muchos puntos de vista acerca de lo que debe ser la democracia y quienes sostienen uno u otro acaban por considerar que el suyo es el verdadero o el “natural”, cuando no hay nada “natural” en la democracia, ya que es una construcción social y, como tal, una convención entre quienes se avienen a suscribir ese contrato social en específico.
Existen otras sociedades en las cuales la democracia no es, ni con mucho, el deber ser, sino que se articulan en torno a creencias religiosas, las teocracias, en las cuales no importa la opinión de nadie, sino la interpretación que los teólogos-gobernantes hacen de las palabras reveladas por una divinidad.
Así es que, si ahora nos enfrentamos a un gobernante que, por encima de la democracia pone su moral, no debería sorprendernos, al menos no a los mexicanos, quienes ya escuchamos durante los pasados años que la justicia, definida por el gobernante, debería estar por encima de las leyes, la diferencia consiste en que Trump tiene más fuerza para imponer sus decisiones y sus posturas de gobierno de manera extraterritorial que aquel que aquí imponía sus puntos de vista a todos nosotros.
De ahí que los mexicanos, integrados como estamos con la economía de Estados Unidos, deberíamos andarnos con cuidado, ya Trump señaló que para EU el T-MEC no es relevante, pero nosotros debemos tener claro que para México sí lo es y no andar con juegos de poder en una relación que es por demás asimétrica.
Los actuales gobernantes de nuestro país han insistido en que una de sus prioridades es el bienestar de los que menos tienen, de los pobres, pero están por arriesgar nuestra economía con tal de apoyar a otros países debido a supuestas afinidades ideológicas.
Es momento de que se den cuenta quienes nos gobiernas que no vivimos en tiempos de la guerra fría, sino en un mundo nuevo, diferente y volátil. Un mundo en el cual la incertidumbre juega un papel importante y la rigidez mental no es una buena herramienta de gobierno.

Juan Palacios
JUAN PALACIOS es educador de profesión, periodista por vocación. Editorialista en La Moneda, ABC, El Porvenir y Radio Alegría, en Monterrey.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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