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Impacto económico de la guerra en Irán

El conflicto en el Medio Oriente tiene efectos en sector energético, sector financiero y comercio internacional. Y México no está aislado.

La guerra en Irán no es un conflicto más del Medio Oriente sino un punto de inflexión que tiene efectos económicos a nivel global. El impacto económico es profundo porque Irán no es un país marginal, sino que es clave en la producción de petróleo y su distribución.

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Además, es un actor importante en la estabilidad geopolítica del Medio Oriente. Cuando Irán entra en guerra, el mundo entero siente el temblor.

El primer impacto importante es el efecto en el sector energético. El estrecho de Ormuz – por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial – se convierte en un corredor vulnerable. Irán ha bloqueado el tránsito de buques en el estrecho de Ormuz lo que ha ocasionado un aumento exponencial en el precio del crudo. No solo se trata del paso del petróleo iraní sino de todo el Golfo Pérsico. Para las economías importadoras de petróleo lo anterior se traduce en inflación energética lo cual obliga a sus bancos centrales a elevar las tasas de interés para mitigar los efectos inflacionarios. Tasas de interés elevadas reducen el consumo y la inversión perjudicando al crecimiento de la economía.  Para economías exportadoras de crudo se traduce en incrementos en volatilidad y presión sobre sus monedas.

El segundo impacto es en el sector financiero. Los mercados reaccionan con aversión al riesgo, es decir, buscan invertir en activos de refugio como el dólar estadounidense o el oro. Las monedas emergentes se debilitan y se encarece el financiamiento internacional. En un entorno global con altos déficits fiscales y tasas elevadas, la guerra de Irán añade incertidumbre que frena a la inversión y encarece el costo del dinero. 

El tercer impacto es geoeconómico. La guerra acelera la fragmentación del comercio internacional. Los países reducen su comercio marítimo y ajustan sus cadenas de suministro para reducir vulnerabilidades. Cada región buscará alternativas logísticas que no son las menos costosas. Otros países, como los europeos, enfrentarán presiones en los precios energéticos. 

México, aunque geográficamente distante del conflicto, no está blindado de estos riesgos. México, aunque menos dependiente del petróleo importado, no es inmune a los altos precios de los combustibles (es importador de gasolinas y gas natural) que encarecen el transporte, logística y producción. México, además, dependen de flujos de capitales y exportaciones manufactureras y una mayor volatilidad en los mercados financieros globales se traducirá en menor inversión y en un tipo de cambio más volátil. La guerra en Irán confirma que la economía global ya no opera en tiempos de estabilidad. México no puede seguir dependiendo de un solo motor: necesita una estrategia que lo proteja de un mundo donde la geopolítica pesa tanto como la macroeconomía.

jgarza@grupogamma.com.mx

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JESÚS GARZA

Es director general de Soluciones Financieras GAMMA, CEO de Miri Capital LLC e investigador no residente de Baker Institute en la Universidad de Rice. Tiene un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera, ambas por la Universidad de Essex en el Reino Unido.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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