La primera y la segunda alternancia decepcionaron a la mayoría, en vez de generar esperanza. Mantener los fundamentos del régimen concentró el ingreso, expandió la pobreza y dio carta de naturaleza a la corrupción y a la impunidad.
En la estructura política, la alternancia PRI-PAN-PRI tuvo dos efectos nocivos: debilitó al Presidente y fortaleció a los ejecutivos locales, quienes empezaron a decidir sus propias sucesiones.
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Ahora el trampolín para ser Gobernador son las alcaldías. Humberto Moreira, Miguel Riquelme y Manolo Jiménez dirigieron previamente sus respectivos municipios.
Saltillo y Torreón son las principales metrópolis del estado y las de mayor peso político. A escala federal sucede lo mismo, Vicente Fox, Peña Nieto, AMLO y Claudia Sheinbaum gobernaron Guanajuato, Estado de México y CDMX antes de ocupar la Presidencia.
La Laguna pugnó por mucho tiempo por un Gobernador propio, o bien, por convertirse en estado. Mientras se cumple lo segundo, la respuesta a la primera demanda fue Miguel Riquelme.
Sin embargo, las condiciones políticas y económicas frustraron las expectativas de los laguneros. Riquelme se refugió en Saltillo por haber apuntalado y legitimado su victoria pírrica.
Ese factor determinó la sucesión de 2023. Además, la situación financiera del estado, lastrada por la deuda, impidió la realización de obras de gran calado en la Comarca Lagunera y en el resto de las regiones del estado, circunstancia que aún prevalece.
Dado que el futurismo es, junto con la charrería, el principal deporte nacional, y que los últimos gobernadores surgieron de las alcaldías de Saltillo y Torreón, es lógico que la atención se centre desde ahora en quienes ocupan tales cargos. Ellos mismos lanzan su mirada en esa dirección.
La condición, en el escenario actual, es que Javier Díaz sea postulado para un segundo periodo en la capital, y gane la elección. Así entraría automáticamente en la carrera. El Alcalde de Torreón, Román Alberto Cepeda, no tiene esa ventaja.
Su segundo ejercicio concluirá en 2027 -año y medio antes de la sucesión- y ya no puede ser electo. Una posición en la Cámara de Diputados o en el Gobierno de Jiménez, al término de su mandato, le daría una plataforma para 2029.
El requisito, en los dos casos, es que el PRI conserve las presidencias de Saltillo y Torreón. Si alguna cae en manos de Morena, las cosas cambiarían.
Cepeda y Díaz rindieron sus informes el 4 y el 9 de diciembre. El gobernador Jiménez asistió a ambas ceremonias.
El clima de Torreón fue distinto al de Saltillo. El lagunero afrontó un año difícil por problemas políticos y de salud, que pusieron en riesgo el cargo y su vida, al parecer ya superados.
Lo primero se infiere de los discursos en el Teatro Nazas. Cepeda renovó su alianza con el Gobernador y su equipo. Jiménez ofreció trabajar al cien por cien con el Alcalde. En Coahuila -advirtió- «mandan las instituciones», «no grillamos ni polarizamos». La fortaleza del PRI depende de su unidad y del equilibrio entre Saltillo con
Torreón.
En la capital, a diferencia de la metrópoli lagunera, no hubo continuidad. El triunfo de José María Fraustro Siller sobre Armando Guadiana Tijerina, en 2021, anticipó la derrota del morenista frente a Jiménez en las elecciones para gobernador de 2023.
Sin embargo, la decisión de reemplazarlo por Díaz en la Alcaldía fue tajante. El ambiente en el Teatro Fernando Soler era exultante.
Jiménez estaba en casa, arropado por los suyos y por un Alcalde que pronunció palabras clave de cara al futuro: reconocimiento y lealtad al Gobernador.

Gerardo Hernández
GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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