Julio, 38 años.
Queridísime Alex, necesito tu luz.
Mi perro, Max, murió hace tres semanas.
Tenía 13 años.
Estuvo conmigo en todo: mis mudanzas, mis rupturas, mis días malos.
Era mi familia.
Desde que se fue, la casa se siente vacía.
Todavía escucho el ruido de sus patitas en el piso o el tintinear de su collar cuando sopla el aire.
Guardo su cama y no puedo tocarla.
Mis amigos me dicen que “era solo un perro”, pero siento que perdí a alguien de verdad.
Lloro solo para que nadie me vea.
¿Es normal sentir tanto dolor por un animal?
Julito, sí, es normal.
El amor que se siente por un animal es auténtico, profundo y humano.
Tu vínculo con Max no fue simbólico, fue real.
Él te acompañó con presencia incondicional, lo que en psicología llamamos apego seguro.
Cuando se va una mascota, el cerebro vive un duelo completo.
Pero la sociedad no lo valida, por eso lo llamamos duelo no reconocido.
No hay funerales ni condolencias, pero el corazón sufre igual.
En tanatología, cada pérdida que no se honra deja un vacío que busca expresarse.
Honra a Max: guárdale un espacio, escríbele una carta o entierra algo suyo con una flor.
No para quedarte en el pasado, sino para agradecer.
Astrológicamente, Cáncer y la Luna rigen los afectos domésticos, los recuerdos y los vínculos protectores.
Max fue hogar.
Y los hogares verdaderos no se pierden, se transforman en presencia.
Julito, no te avergüences del dolor.
Llorar es otra forma de seguir acariciando.

ALEX K DE LA LLAMA
Artista plástico hipersensible, lector compulsivo del comportamiento y los vínculos humanos. Sus repuestas NO SON desde una formación profesional, son desde la experiencia emocional y el interés superior de siempre desear el bienestar. Abre su corazón no para consulta, sino para el diálogo amoroso... como lo haría un ser querido.
Este texto es responsabilidad total, única y exclusiva de su autor, y el ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx.
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