En poco más de dos meses comenzará el Mundial de fútbol. Para México, puede ser una gran oportunidad para mostrarse como un país sólido y confiable, o un riesgo considerable si no logra estar a la altura de las otras dos sedes mundialistas.
Más allá del plano deportivo, lo que está en juego es la capacidad del país para cumplir. Durante años hemos insistido en la importancia de fortalecer a América del Norte como bloque, particularmente en lo económico. El Mundial es, en ese sentido, una prueba real de ejecución conjunta.
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De los tres países, México es quien enfrenta el mayor reto. Es el que más depende de obra pública e infraestructura para llegar listo. Los estadios estarán, porque son visibles, medibles y prioritarios, pero no es ahí donde se definirá la experiencia.
Para los cientos de miles de visitantes que se esperan, lo relevante será otra cosa: cómo se mueven, qué tan seguros se sienten, qué tan eficiente es la ciudad que los recibe. Se habla de millones de visitantes y miles de millones de dólares en derrama económica en México. La exigencia, por tanto, es alta.
Ciudades como la CDMX y Monterrey concentran buena parte del desafío. Se proyectan cientos de obras urbanas y más de 200 intervenciones deportivas: movilidad, vialidades, iluminación, seguridad, corredores urbanos. Es decir, los mismos temas que durante años han sido señalados como pendientes estructurales.
El problema no es solo la magnitud, es la fragmentación de responsabilidades. Gobierno federal, estatal y municipal; constructoras; proveedores; organismos internacionales. Todos participan, pero no hay un solo responsable claro del resultado final. Sabemos que cuando la responsabilidad se diluye, el riesgo aumenta.
Las obras avanzan a marchas forzadas. Pero la presión por llegar puede convertirse en el principal enemigo de la calidad, la coordinación y, sobre todo, de la confianza.
En este contexto, hay una pregunta que empieza a ser tan relevante como la propia ejecución: ¿quién está controlando la narrativa? Si algo no llega a tiempo, ¿de quién será la responsabilidad? ¿Quién contará la historia?
Porque el Mundial no se juega solo en la cancha, México no solo será evaluado por los resultados deportivos, será evaluado por la experiencia que sea capaz de ofrecer.
Y esa, hoy, sigue siendo una incógnita.

ANTONIO BUJDUD
Experto por más de 20 años en Comunicación Corporativa y Relaciones Institucionales. Director de Clientes en NO COM Américas.
antonio.bujdud@nocom.com
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx