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El ogro y el dragón

Donald Trump jamás será Nobel de la Paz, a menos que el Comité Noruego ceda a las presiones у caprichos del megalómano y lo otorgue bajo el mismo criterio que le permitió a Corina Machado obtenerlo.

Émula del republicano, a quien dedicó en un principio la medalla, la venezolana trata a toda costa de ser vista como la heroína que no es. Tiene simpatizantes, pero el sometimiento a Washington y a su Presidente demerita su lucha por la democracia.

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Trump dice no ser rey, pero su despotismo lo contradice. Igual cancela fondos a universidades e insulta a migrantes y opositores, que graba su nombre sobre el de uno de los líderes más queridos de su país: John F. Kennedy.

Sin embargo, por cada desplante del ególatra viene la repulsa de una sociedad que ha dejado de apoyarlo y de temerle. El 20 de diciembre, al lema «No reyes» se sumó el de
«Manos fuera de las artes». Activistas y ciudadanos, junto al senador demócrata Chris
Van Hollen, protestaron frente al Centro Kennedy para las Artes Escénicas de Washington en protesta por anteponer su nombre al del Presidente asesinado. A este paso, la Casa Blanca, convertida ya en extensión de Mar-a-Lago, podría cambiar de nombre por el de Casa Dorada o Naranja.
La idea trumpiana de volver hacer grande a su país avanza a paso de cangrejo, mientras el dragón, bajo la guía de un ingeniero químico, Xi Jinping, corre a zancadas y da cátedra política. Vale la pena releer la carta de un Nobel de la Paz genuino, Jimmy Carter, al charlatán, en su primer mandato.

«Temes que China se nos adelante y estoy de acuerdo contigo, pero ¿sabes por qué la China se nos adelanta? Yo normalicé las relaciones diplomáticas con Beijing en 1975 desde ese fecha. ¿Sabes cuántas veces China ha entrado en guerra con alguien? Ni una sola vez, mientras que nosotros estamos en constante guerra. EE. UU. es la nación más guerrerista de todo el mundo porque quiere imponer Estados que respondan a nuestros Gobiernos y a los valores estadunidenses en todo Occidente, controlar las empresas que disponen de recursos energéticos en otros países.

«China por su parte, está invirtiendo sus recursos en proyectos como ferrocarriles, infraestructura, trenes bala intercontinentales y transoceánicos, tecnología 6D, inteligencia robótica, universidades, hospitales, puertos edificios y trenes de alta velocidad en lugar de utilizarlos en gastos militares. ¿Cuántos kilómetros de trenes de alta velocidad tenemos en este país?
Hemos desperdiciado 300 billones de dólares en gastos militares para someter a países que buscaban salirse de nuestra hegemonía,
China no ha malgastado ni un centavo por la guerra, es por eso que nos supera en casi todas las áreas.

«¿Y si hubiésemos tomado esos 300 billones de dólares para instalar infraestructura, robot, salud pública para los EE. UU.?
Tendríamos entonces trenes bala de alta velocidad, tendríamos puentes que no colapsen, sistema de salud gratis para los estadunidenses y no infectarían más estadunidenses más que cualquier país por el COVID-19, tendríamos caminos que se mantengan adecuadamente, nuestro sistema educativo sería tan bueno como el de Corea del Sur o el de Shanghai».

Carter ganó el Nobel en 2002, dos décadas después de haber terminado su mandato. El Comité Noruego reconoció así sus esfuerzos
«para encontrar soluciones pacíficas a los conflictos internacionales, impulsar la democracia у los derechos humanos y fomentar el desarrollo económico y social». El espíritu pacifista de Trump le llevó a cambiar el nombre del Departamento de Defensa por
el de Guerra.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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