David Martínez Guzmán, considerado como el mexicano más influyente en Wall Street, es el único postor avalado en la subasta por la acerera; su fondo ha rescatado a ICA, Vitro, Cydsa e ICA, además de ser socio de Televisa y Banco Sabadell
En el hermetismo de los grandes rescates corporativos, hay nombres que operan tras bambalinas. Uno de ellos es el de David Martínez Guzmán, el empresario regiomontano que, fiel a su estilo discreto, aparece ahora en el proceso decisivo para la venta de los activos de Altos Hornos de México (AHMSA). Su fondo, Fintech Advisory, forma parte del único consorcio que fue calificado para participar en la subasta pública programada para el 27 de febrero, junto con Ignition Industries 1870.
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El Juzgado Segundo de Distrito en Materia de Concursos Mercantiles confirmó que, de tres cartas de intención recibidas, solo el consorcio integrado por Ignition Industries 1870 y Fintech Latam cumplió con los requisitos establecidos.
Las propuestas de Argentem Creek Partners y del grupo conformado por Lance Internacional y Metals-Mex fueron descalificadas. La subasta se desarrollará bajo reglas estrictas que obligan a la reactivación industrial de la siderúrgica y de Minera del Norte, descartando fines especulativos o de fragmentación de activos.
Detrás de Fintech está Martínez Guzmán, un empresario que durante décadas ha cultivado un perfil público casi inexistente. En el mundo financiero es conocido como el “inversionista fantasma”.
No concede entrevistas, evita los reflectores y son escasas las fotografías suyas que circulan. En una de las pocas declaraciones públicas que se le conocen, publicada por Forbes, resumió su filosofía con una frase tajante: “Yo me dedico a hacer negocios, no a aparecer en revistas sobre celebridades”.
Nacido en Monterrey en 1957, Martínez estudió Ingeniería Mecánica Eléctrica antes de adentrarse en la filosofía en Roma y completar un MBA en Harvard. Su trayectoria profesional inició en el área de mercados emergentes de Citigroup en Nueva York, pero el punto de inflexión llegó en 1987, cuando fundó Fintech Advisory con un préstamo familiar de 300 mil dólares.
Desde entonces construyó una fortuna estimada en alrededor de 4 mil millones de euros y una reputación como especialista en reestructuras complejas de deuda soberana y corporativa.
En publicaciones internacionales se le ha descrito como uno de los mexicanos más influyentes en Wall Street. Su historial incluye participaciones en la reestructura de deuda argentina, operaciones en el sistema bancario español y posiciones relevantes en empresas como Televisa y Banco Sabadell.
También ha sido pieza clave en rescates empresariales en México, como los de Vitro, Cydsa e ICA, compañías que atravesaron crisis severas y encontraron en Fintech un vehículo de capitalización.
Su estrategia es conocida en los mercados: adquirir deuda o activos castigados, intervenir en procesos de reestructura y capturar valor cuando la empresa recupera estabilidad.
Esa lógica encaja con el caso de AHMSA, una siderúrgica emblemática que enfrenta uno de los procesos concursales más complejos del país y cuya continuidad operativa es clave para miles de empleos en Coahuila.
En el ámbito internacional, Martínez también ha expandido su influencia en telecomunicaciones. Desde hace unos años tomó el control total de Telecom Argentina, entrando en competencia directa con el imperio regional de Carlos Slim. Ha formado parte de los consejos de administración de corporativos como Cemex, Alfa y Vitro confirma su peso en el sector industrial y financiero.
Paradójicamente, cuanto mayor es su impacto en decisiones estratégicas, menor es su exposición pública. Vive entre Nueva York y Londres, mantiene una reconocida colección de arte que lo llevó a figurar entre los principales coleccionistas internacionales y rara vez aparece en actos públicos. En Estados Unidos y España lo identifican como un operador silencioso que actúa con autonomía, sin depender de grandes gestoras ni alianzas visibles.
Ahora, su nombre vuelve a escena en el rescate potencial de AHMSA. Si el consorcio que integra resulta ganador en la subasta, Martínez no solo sumaría una de las siderúrgicas más importantes del país a su portafolio de reestructuras, sino que reafirmaría su papel como el inversionista regiomontano que emerge en los momentos más críticos.
Un actor que no busca cámaras, pero cuya firma suele aparecer cuando las empresas están al borde del colapso y necesitan capital, disciplina financiera y, sobre todo, tiempo para reinventarse.