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El ‘FOMO’ en la economía

Hace algunos días mi amigo Juan Campos Rodríguez, quien parece escéptico a la ciencia económica, me preguntó que, si todo en este mundo tenía un costo, mi respuesta, con la seguridad de que estaba por iniciar un debate fue un contundente: Sí.

Y es que no todo el costo se refiere, necesariamente, a lo que gastamos o invertimos, en términos monetarios, para adquirir ya sea un bien terminado o un insumo. Sino que en todas las decisiones que tomamos los entes integrantes de un sistema económica, ya sea una persona, una familia, una empresa, una ONG o hasta e gobierno. Ya que al tomar una decisión estamos dejando de lado otras opciones que tenemos.

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A esto los economistas le llamamos el costo de oportunidad, siendo lo que dejamos de percibir o recibir por tomar una decisión distinta. Un ejemplo diario para quienes trabajan es la decisión que levantarte de la cama para llegar puntal al trabajo, siendo el costo de oportunidad de esa acción, la perdida de más tiempo en cama descansando. O bien para quienes realizamos ejercicio por la mañana, todas las mañanas nos encontramos ante la disyuntiva de dos opciones, seguir acostado o levantarte para ir al gimnasio. Por su parte un empresario al decidir si invierte su dinero en CETES o en un negocio, al tomar una de las dos opciones, la no elegida se convierte en el costo de oportunidad.

El costo de oportunidad es un concepto poco conocido, pero a la vez utilizado muy frecuentemente en la administración de las empresas, de las personas, familias y del gobierno, pues nos permite elegir la mejor alternativa para maximizar los recursos y así obtener el mayor de los beneficios en una decisión. Vamos la idea es que siempre el costo de oportunidad sea menor que el beneficio que recibimos por tomar otra opción.

El costo de oportunidad es tan importante en las decisiones que los estudiosos de la economía han desarrollado una fórmula matemática para su cálculo, siendo tan sencilla como eficiente, pues sólo se trata de una resta, de la alternativa no elegida menos la tomada. Si el resultado es negativo el costo de oportunidad por haber tomado esa decisión es menor que el beneficio que recibiremos, siendo lo contrario al tener un resultado positivo.

Existe una sensación de miedo que, a pesar de tener sus orígenes en el mundo antiguo, hoy los jóvenes lo han llamado “FOMO” por sus siglas en inglés que significa “Fear of Missing Out”, que en español quiere decir algo así como perderse de algo por no estar en cierto lugar. Pues bien, al conocer y considerar el costo de oportunidad nos permite reducir el “FOMO económico”, pues todo individuo o institución que busca la maximización de sus utilidades escoge la opción que más beneficio puede darle.

Elegir, en la vida y en la economía, no es otra cosa más que renunciar.

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Francisco Tobías

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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