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El enemigo en casa

La pugna se presenta en todo lo que fue la coalición Hagamos Historia y su segundo piso, es decir, Morena, PVEM y PT. Con lo cual las diferencias se hacen más evidentes.

Según Marx, cada estructura lleva en sí misma la semilla de su destrucción, si damos por válido este aserto, Morena enfrenta un momento de este tipo en su etapa, hasta ahora, de mayor poder.

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No quiere decir esto que ya vaya este partido hacia su destrucción, sino que atraviesa una situación potencialmente peligrosa y que puede llevarlo a su transformación.

Empecemos por señalar lo obvio, Morena no es un movimiento homogéneo, en ese partido hay distintos grupos que detentan ideas diferentes acerca de lo que debe ser un gobierno, hay como dice la sabiduría popular, “de chile, de dulce y de manteca”, analistas que simpatizan con él, como Jorge Zepeda Patterson y Viri Ríos, lo han subrayado.

Fue la solución que encontró su fundador para alcanzar el objetivo de llegar al poder y ello trajo consigo costos que hoy se hacen evidentes. El ejemplo más claro lo tenemos en el rechazo de los aliados de Morena hacia la reforma electoral, la cual todavía se está discutiendo al momento de escribir este texto.

Pero si bien este asunto es el más evidente hasta ahora, no dejan de aparecer situaciones que hacen patente el hecho de que Morena no es un todo homogéneo. Hay quien asegura que esto forma parte de su democracia interna, pero esa explicación es más una justificación que otra cosa.

Pongamos por caso las elecciones que se llevarán a cabo tanto en 2027, como en 2030. Desde ya los grupos al interior de Morena están tomando posiciones que, esperan, les permitan crecer y alcanzar mayores cuotas de poder, comenzando por definir quienes serán los candidatos.

No es que antes no ocurrieran este tipo de situaciones, en el PRI se decía que, inmediatamente después del triunfo electoral, iniciaba la campaña interna por ganar el favor del futuro gobernante, al parecer es algo inherente al quehacer político el intentar ganar “el oído” del jefe.

Lo que sucede es que la pugna se presenta en todo lo que fue la coalición Hagamos Historia y su segundo piso, es decir, Morena, PVEM y PT. Con lo cual las diferencias se hacen más evidentes.

En el ámbito personal, me refiero a quienes se supone que aspiran a ser abanderados de ese partido, el caso de Omar García Harfuch me recuerda al de Manuel Camacho Solís en el sexenio de Salinas de Gortari, ya que desde el principio se manejó que era el favorito del presidente y sus adversarios utilizaron los éxitos de Camacho para confrontarlo con el presidente, una operación de desgaste a largo plazo. La diferencia es que OGH, no tiene, o al menos no aparenta, las dudas e indefiniciones de MCS.

Por lo que respecta a Marcelo Ebrard, si aprendió las lecciones del pasado proceso, seguramente se mantendrá en un segundo plano, pero no muy alejado de la opinión pública, “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”.

En el otro lado de Morena, Clara Brugada y sus apoyadores esperan ser la cara y la voz “más auténtica” del movimiento y, por tanto, los herederos de YSQ.

Y precisamente por este tipo de situaciones es que Morena está en riesgo de una ruptura importante, la semilla de la que hablaba Marx.

juanpalaciosdavila@gmail.com

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Juan Palacios

JUAN PALACIOS es educador de profesión, periodista por vocación. Editorialista en La Moneda, ABC, El Porvenir y Radio Alegría, en Monterrey.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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