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Disciplina y resiliencia

Ninguna candidatura ganadora se construye sólo con voluntarismo. Para ello se necesita tiempo, disciplina y trabajo. Jericó Abramo reúne tales requisitos. Es el aspirante que más suela, sudor y saliva ha gastado para ser candidato al Gobierno.

También se le han regateado ascensos y ha sido utilizado como moneda de cambio. En 2018 y 2024 la nominación del saltillense para el Senado se daba por segura, pero al final fue relegado.

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En el primer caso se le retiró como cabeza de fórmula para imponer en su lugar a Verónica Martínez; y en el segundo, para nombrar al exgobernador Miguel Riquelme. Martínez у Riquelme perdieron frente a Armando Guadiana у Luis Fernando Salazar, pero recibieron el escaño de primera minoría.

Abramo compitió con Miguel Riquelme y Manolo Jiménez por la candidatura al
Gobierno. Recorrió el estado, se reunió con líderes sociales y políticos y denunció el uso faccioso del poder para cerrarle el paso.

Rubén Moreira -uno de los asistentes a su informe legislativo-lo habría amenazado para que abandonara la carrera. Entonces sopesó postularse por otras siglas, pero no dio ese paso. Renunciar implicaba riesgos.

Morena y el PAN no le ofrecían garantías suficientes ni sus liderazgos cederían sus puestos a un recién llegado. Le buscaron porque representaba votos. EI PRIle abrió espacios, que aceptó, para evitar una fractura, pero no la alcaldía (por segunda vez) ni la presidencia del Congreso local que pretendía.

Abramo ha sido diputado federal en tres ocasiones. Todas por voto directo. Las de representación proporcional no ofrecen riesgos. Tres campañas más las realizó como candidato a regidor, Presidente Municipal y senador.

La estrella de Abramo parecía haberse apagado a consecuencia del desgaste, las indecisiones y el abandono de luchas que ofreció librar hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, algo sucedió en los últimos meses. De pronto empezó a ocupar presídiums en ceremonias encabezadas por el gobernador Jiménez y a acompañarlo en giras.

Pero nada comparado con el informe de Abramo, el 19 de enero. La presencia del Gobernador encendió las luces de la sucesión.

Jiménez pudo haber ido y punto. Empero, el escenario y la audiencia le dieron otro significado. No sólo acudieron la clase política y las élites locales, sino también empresarios de La Laguna y otras regiones del estado, diputados y alcaldes. Imposible ignorar el mensaje.

Después de la ceremonia en el Biblioparque Norte, Abramo concedió entrevistas en radio y televisión. Los espacios que antes denunció cerrados, se abrieron, y las columnas que en otro tiempo se usaron para atacarlo, esta vez le dieron la bienvenida
con elogios.

La sucesión del Gobernador está lejos de haber sido resuelta, pero ya se han dado los primeros pasos. Abramo forma parte del rompecabezas. Hay otros aspirantes; ninguno, ciertamente, con su trayectoria, pero sí cerca del gobernador Jiménez. La prueba máxima del ejecutivo será la sucesión.

Él toma el pulso de la entidad. Como «primer priista» le corresponde atemperar los ímpetus de su equipo, mantener la unidad y prever deslealtades. Sabe que la elección del 29 será la más compleja, pues Coahuila ha estado en la mira de Morena desde 2017.

Las divisiones y la falta de líderes en el partido de la 4T han favorecido al PRI, pero no siempre será así. La presidenta del partido guinda, María Luisa Alcalde, viene por Coahuila.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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