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Delfín a la vista

Las sucesiones se planean con tiempo, sean presidenciales o del Gobernador. Cuando la decisión la tomaba el Presidente de turno, todo el mundo se alineaba, así fuera de dientes afuera.

La disciplina raras veces se rompía, y quienes se apartaban de ella para enfrentar por otras vías al sistema, por muy populares que fueran, casi siempre fracasaban. Por no tener un delfín claro y visible, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto improvisaron y perdieron.

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Juan Camilo Mouriño era el preferido de Calderón, pero murió en un accidente aéreo nunca aclarado. Se especuló que detrás del avionazo estuvo el narco.

El favorito de Peña era Luis Videgaray, pero la invitación a Donald Trump a Los Pinos y los escándalos de corrupción lo eliminaron de la carrera.

José Antonio Meade pagó los platos rotos por su alejamiento del PRI y su cercanía con Videgaray.

Andrés Manuel López Obrador apuntó hacia Claudia Sheinbaum con suficiente tiempo. «Es ella», dijo el 30 de septiembre de 2021 en una gira por Ciudad de México.

Para que no quedaran dudas, el presidente levantó el brazo a la Jefa del Gobierno capitalino.
Sheinbaum garantizaba el legado del caudillo más que los otros aspirantes y el «segundo piso» de la 4T.

A diferencia de sus predecesores, AMLO era un jefe de Estado fuerte y aprobado por la mayoría, situación que le permitió decidir la sucesión sin consultas, interferencias ni divisiones dentro de su movimiento.

Sin trabajo, propuestas, figuras de peso ni diferencias programáticas e ideológicas mayores entre sí, el PRI, PAN y PRD le hicieron el juego al Presidente y se sacaron de la manga a Xóchitl Gálvez —destapada por AMLO previamente— para liderar su alianza.

Los poderes fácticos y un grupo de escritores, entre ellos Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camin, promovieron la coalición de los adversarios de antaño como la única manera para frenar la «deriva autoritaria» del régimen.

El frente Va por México se formó bajo esa bandera, y la organización Sí por México, de Claudio X. González, sirvió de puente.

El fenómeno Xóchitl Gálvez duró lo que un suspiro. Rehén de las cúpulas partidistas y contaminada por algunos de sus cuadros, la candidata opositora generó más dudas que certezas.

Sheinbaum obtuvo 35.9 millones de votos, más del doble de los emitidos por Galvez, y seis millones por encima de los que Morena, PT y Verde recibieron en 2018.

El proyecto sucesorio de AMLO funcionó cual máquina de relojería. La 4T no sólo ganó la presidencia y redujo a las oposiciones a su mínima expresión, también alcanzó la mayoría calificada en el Congreso y el Senado.

La clave de la victoria fueron los programas sociales, la cercanía del Gobierno con el pueblo y la confianza mayoritaria en el proyecto.

También contribuyeron el manejo de la sucesión, por parte de AMLO, y el liderazgo de Sheinbaum.

El futuro favorito debe brindar resultados en la posición que ocupe, no ser piedra de escándalo y probar su lealtad y compromiso con la 4T.

Nada que no ocurra en otros países. Sheinbaum calcula cada paso y los efectos de cada movimiento.

En el escenario sucesorio y en la circunstancia actual, Omar Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, colaborador de las máximas confianzas de la Presidenta, parece ser la opción.

Sheinbaum jamás le alzará el brazo y dirá: «¡Es él!». Su estilo es otro y la forma de expresarlo, sutil.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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