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Cupido en crisis

Cada 14 de febrero celebramos el amor como si fuera un sentimiento espontáneo, casi mágico. Sin embargo, el matrimonio, su expresión social más duradera, no nació de la casualidad ni del romanticismo moderno.

Durante siglos, ha sido una institución que ordena la vida en común, protege a los hijos, da certeza jurídica al patrimonio y construye comunidad. Más allá de la emoción, el matrimonio ha sido uno de los pilares básicos de la estabilidad social.

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Hoy, ese pilar muestra señales de desgaste. En distintas regiones del país, particularmente en el norte, el número de matrimonios ha disminuido de forma sostenida.

Las razones son diversas: cambios culturales que privilegian la autonomía individual, incertidumbre económica que posterga proyectos de largo plazo, nuevas formas de convivencia sin formalización legal y, también, una creciente desconfianza en la permanencia de los vínculos. A ello se suma una realidad ineludible: cada vez más jóvenes dudan de que el matrimonio sea necesario para construir una vida plena.

En paralelo, los divorcios han aumentado. En Coahuila, por ejemplo, se registra aproximadamente un divorcio por cada dos enlaces matrimoniales celebrados. Detrás de la cifra hay historias personales complejas, pero también consecuencias colectivas. Más divorcios significan, con frecuencia, hijos que crecen en entornos emocionalmente fragmentados y redes familiares debilitadas.

Menos matrimonios implican menos nacimientos, lo que acelera el envejecimiento poblacional y, a largo plazo, invierte la pirámide demográfica con efectos profundos en pensiones, salud y productividad.

Las implicaciones no son solo sociales. También alcanzan lo económico. La disminución de matrimonios impacta a toda una cadena de servicios: salones, hoteles, banquetes, fotografía, viajes, vivienda. Sectores que tradicionalmente generaban empleo y derrama ven ahora un horizonte más incierto.

Incluso en el ámbito jurídico y patrimonial, la falta de vínculos formales complica sucesiones, derechos de seguridad social y esquemas de protección compartida.

Hablar de esta crisis no es un ejercicio de nostalgia, sino de responsabilidad. Porque el matrimonio no se sostiene únicamente con emociones intensas, sino con decisiones cotidianas de cuidado, paciencia y compromiso. Tal vez el verdadero desafío de nuestro tiempo no sea encontrar el amor, sino aprender a permanecer en él.

En este 14 de febrero, conviene recordar que Cupido no vive de las flechas fugaces, sino de los lazos que se eligen todos los días. Quienes han encontrado a su compañera o compañero de vida tienen en sus manos algo más valioso que una historia romántica: tienen una oportunidad de construir futuro.

Y quienes aún están en búsqueda, quizá descubran que el amor duradero no es el que promete perfección, sino el que decide quedarse.

Porque, al final, las sociedades también se sostienen con promesas cumplidas. Y pocas promesas son tan poderosas como la de caminar juntos.

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Enrique Martínez y Morales

ENRIQUE MARTÍNEZ Y MORALES es empresario, economista y politólogo con extensa carrera en el servicio público tanto federal como estatal en Coahuila.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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