Al entregar su medalla de premio Nobel a Trump, Machado está supeditando su orgullo a un bien mayor, la transición en su país. Ella sabe que para el presidente norteamericano el premio Nobel es muy importante.
Dicen las crónicas que algunos de los problemas y discusiones escolásticas eran tan disparatados que incluso se llegaron a plantear la pregunta que lleva por título este artículo, una cuestión que, aun dando por cierta la existencia de los ángeles difícilmente puede tener una respuesta porque no conocemos la composición corpórea, o no, de estos seres.
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Así me parecen algunas de las discusiones que ahora tenemos en torno a los sucesos que se están presentando en el mundo, ¿se humilló María Corina Machado al entregar su medalla de premio Nobel a Trump?, muchos aseguran que así fue, que ellos no hubieran jamás entregado esa presea porque su dignidad se los prohíbe. ¿Cuál sería la diferencia de esa postura con la de Trump que asegura que su propia moral y su pensamiento constituyen los únicos límites a los cuales se somete?
Me parece que ninguna, en cambio Machado está supeditando su orgullo a un bien mayor, la transición en su país. Ella sabe que para el presidente norteamericano el premio Nobel es muy importante, que el ego de Trump le impide reconocer que no necesariamente hizo los méritos para alcanzar el éxito en esa área, pero que un gesto como el de ella puede resultar en situaciones que vayan en favor de su país.
Además, una mujer que luchó contra Chávez al interior de Venezuela, que se enfrentó a Maduro, que tuvo la capacidad de organizar un frente que pudo documentar su triunfo en unas elecciones de Estado, ¿debe también tomar como enemigo a un presidente tan poderoso como el norteamericano? Creo que sería un error estratégico, una respuesta guiada más por la vanidad que por la razón.
Pero esa no es la única cuestión que se está debatiendo hoy en diferentes círculos académicos, sino que también se está cuestionando la propia acción de Trump al haber sustraído a Nicolás Maduro pasando por encima del Derecho Internacional, como si ese Derecho hubiera sido respetado a rajatabla por el hoy habitante de un centro de detención en Nueva York al tratar a sus connacionales.
Pareciera que vivimos en un mundo inmaculado en el cual el deber ser está por encima de la realidad, cuando esta nos dice que, para empezar, no existe un deber ser único, sino que la deontología depende de cada formación humana.
No es lo mismo a lo que aspira un régimen como el iraní, que el que intenta alcanzar Francia, Alemania, México o el propio Estados Unidos, además, no existen leyes “naturales” que expliquen las organizaciones sociales ni los contratos sociales que firmamos los seres humanos en cada momento histórico y en cada situación geográfica.
Creo que preguntarnos hoy por cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler resulta hasta obsceno, nos muestra a académicos y comentócratas que viven en una realidad alterna, una realidad que pudiera tener más en común con los multiversos de los superhéroes, que con la realidad en que vivimos.
Ahora bien, si ese tipo de estudiosos o comentaristas consideran que su moral está por encima de la realidad, pudiera ser que lo único que los diferencie del presidente Donald Trump, es que carecen del poder que tiene este.

Juan Palacios
JUAN PALACIOS es educador de profesión, periodista por vocación. Editorialista en La Moneda, ABC, El Porvenir y Radio Alegría, en Monterrey.
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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