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Coraza de impunidad

La alternancia política modificó el itinerario hacia el poder. En el pasado el Presidente tomaba al sucesor del Gabinete y del resto se encargaba la maquinaria electoral a su servicio. Ernesto Zedillo nombró, bajo ese criterio, al secretario de Gobernación, Francisco Labastida, quien previamente había sido Gobernador de Sinaloa.

Vicente Fox, por sus pistolas, se lanzó a la Presidencia desde el Gobierno de Guanajuato. Felipe Calderón, entonces líder del PAN, lo miró por encima del hombro: «A ver hasta dónde llega», declaró a Espacio 4 después de atestiguar la toma de posesión de Jorge Zermeño como primer Alcalde no priista de Torreón, en diciembre de 1996. Fox llegó tan lejos como a Los Pinos sin saber para qué; y los mexicanos, menos.

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Calderón aprendió la lección. Su autodestape en Guadalajara —cuando era secretario de Energía—, en un mitin encabezado por el Gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, no le hizo ninguna gracia a Fox. Al poco tiempo fue sustituido. Los favoritos presidenciales eran su esposa Marta Sahagún y el secretario de Gobernación, Santiago Creel. Si Calderón ganó la Presidencia en un final de fotografía —trucado, según las evidencias—, las cartas foxianas habrían perdido arrolladoramente con Andrés Manuel
López Obrador en 2006.

De los seis últimos presidentes, Calderón es el único que no fue Gobernador. Lo intentó en 1995, pero perdió frente a Cristóbal Arias, del PRD, cuyo líder era entonces Porfirio Muñoz Ledo. La línea gobernador-presidente continuó con Enrique Peña Nieto (Estado de México), AMLO у Claudia Sheinbaum (Ciudad de México). La alternancia en los estados empezó en Baja California, siguió en Nuevo León, y con el tiempo se generalizó en todo el país. La única entidad donde el PRI ejerce hegemonía desde su nacimiento, en 1929, es Coahuila.

El cambio de siglas partidistas ha ayudado a romper la coraza de impunidad de los gobernadores. Mario Villanueva Madrid (Quintana Roo), del grupo de Carlos y Raúl Salinas de Gortari, abandonó el mandato en abril de 1999, antes de entregar la estafeta, para no ser detenido. En su caso, no por efectos de la alternancia, sino por dos razones igualmente poderosas: desafiar al presidente Zedillo у colaborar con el cartel más influyente de la época. Agentes de la PGR y la DEA lo capturaron en mayo de 2001.

Extraditado a Estados Unidos nueve años más tarde, reconoció haber lavado dinero para el narcotráfico. The New York Times dio así la noticia:

«Un exgobernador mexicano se declaró culpable el jueves ante un tribunal federal en Manhattan de conspirar para lavar millones de dólares provenientes de sobornos relacionados con el narcotráfico, que recibió del Cártel de Juárez, según informó un fiscal. El exfuncionario, Mario Ernesto Villanueva Madrid, de 64 años, Gobernador de Quintana Roo entre 1993 y 1999, fue extraditado a Estados Unidos en 2010 tras cumplir una condena de seis años en México por lavado de dinero. Las transferencias de dinero fueron gestionadas por un representante de inversiones de Lehman Brothers, quien se declaró culpable de lavado de dinero en 2005. El juez Víctor Marrero del Tribunal de Distrito de Estados Unidos aceptó la declaración de culpabilidad del Sr. Villanueva y fijó la fecha de la sentencia para octubre».

Villanueva pasó más de una década en la cárcel de Lexington, Kentucky, denominada
«Granja para narcómanos». Después fue deportado a México para terminar de cumplir una condena pendiente. El político ingresó en un penal de máxima seguridad de Morelos para «enfermos mentales», de acuerdo con la PGR (Wikipedia). La pesadilla del otrora poderoso Gobernador no ha terminado. La de otros exgobernadores aún no comienza.

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Gerardo Hernández

GERARDO HERNÁNDEZ es periodista desde hace más de 40 años en Coahuila. Director General de Espacio 4.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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