“¡Que pasen los precandidatos priistas a la gubernatura de 2029!”, grita, con voz ronca, una desatada Laura Bozzo. “Por favorcito, primero, los del corral del gobernador”. En orden alfabético desfilan María Bárbara Cepeda, Javier Díaz, Gabriel Elizondo, Federico Fernández y Luz Elena Morales. “Fiu, fiu. ¡Qué jovenazos y guapos están!”, celebra Laura.
“Ahora, que pasen los ‘wannabes’ que pastorean sueltos en las llanuras del semidesierto, sin Dios que los alumbre, todavía”: pasan Jericó Abramo, Hilda Flores Escalera y Verónica Martínez. “Woow, ¡tres guapérrimos con sobrada experiencia de vida!”, festeja Bozzo.
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El primer grupo se sienta del lado derecho y el segundo del izquierdo del escenario. Laura está al centro con una silla vacía, cuando grita: “Que pase Beto Redondo, el reconocido doctor en ciencias ocultas sociológicas, graduado con la alta distinción Summa Cum Laude en la Universidad de San Garabato de las Tunas”.
Presuroso, entra un personaje que, al parecer, se esforzó por cumplir el estereotipo de intelectual: pelo chino largo sin lavar, lentes de fondo de botella, barba incipiente, olor a perfume de patchouli, collar de santería yoruba, camisa blanca de manta oaxaqueña, tres pulseras protectoras contra el mal de ojo, saco negro, pantalones de mezclilla y botas negras Doctor Martens.
“Bienvenido, doctor Beto. Lo invité a este programa porque usted tiene una extraordinaria capacidad para mezclar conocimientos sociológicos (de sociólogos clásicos y contemporáneos) con las ciencias ocultas y, de manera particular, con la astrología, el esoterismo y la adivinación condensada en las artes inciertas, como el tarot, la cartomancia (lectura de cartas), la quiromancia (lectura de las líneas de la mano), la necromancia (adivinación mediante contacto con los muertos) y la piromancia (adivinación a través del fuego)”.
Es correcto, doña Laura, responde el doctor. Encabritada, Laura le responde: “Discúlpeme, Betito, pero no me ‘doñe’, a menos que usted quiera que mis guaruras lo agarren a madrazos y demos por terminada la entrevista. ¡Abra bien los ojos, don, y déjese de pendejadas! ¡Yo soy la más joven en este escenario!”. Azorrillado, el intelectual se disculpa. Laura lo ignora y le suelta la pregunta: “Vea a estos precandidatos y comparta con el público televidente el nombre del candidato a la gubernatura de Coahuila en 2029”.
“Le solicito a usted, Laura, y a sus apreciados televidentes que me permitan entrar por tres minutos en estado meditativo profundo para responder a su pregunta”.
“Perfecto”, grita Laura. “¡Vayamos a corte comercial!”. El escenario se oscurece. Algunos precandidatos sudan y quieren salir corriendo; otros tienen punzadas en el estómago y quieren ir al baño.
“Regresamos –dice Laura– con el doctor Redondo para que nos responda la pregunta que definirá el futuro del PRI Coahuila en 2029”.
El doctor Beto abre los ojos lentamente y, conectado con fuerzas extrasensoriales, empieza a hablar con voz gutural, distinta a la de él y con su mirada perdida en el horizonte.
“En este momento, en el corral del gobernador veo un caballo impetuoso, que lleva en su grupa el sello FFM, que pretende, de manera descarada, saltar la cerca; los otros, sin esa pretensión, actúan de manera agresiva y se abalanzan, tiran mordiscos y patadas entre ellos, mientras relinchan y gruñen con fuerza.
“Después de las elecciones de este año, con un Congreso priista mayoritario, Manolo deberá disciplinar y ordenar su sucesión dentro y fuera del corral.
“Porque, de no hacerlo, al interior corre el riesgo de que este equino arrebatado salte la cerca y busque opciones distintas al PRI. Y, al exterior, se expone a que un disciplinado, resiliente e institucional Jericó decida explorar otras praderas”.
Laura interrumpe: “No joda, doctor, no complique las cosas”.
El doctor Redondo no la escucha y continúa: “Hay, sin embargo, una luz: si el gobernador opera políticamente para que la candidata sea mujer, unificará de golpe su candidatura con la participación del fogoso equino y Jericó”.
Una impetuosa Laura le exige el nombre de esa mujer al doctor, quien continúa en trance.
De repente, se escucha un estruendo y se apaga la luz del estudio.

Luis García Abusaíd
Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx
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