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Coahuila, el gas y la oportunidad que vuelve a tocar la puerta

Durante décadas, Coahuila ha aprendido a leer su propio subsuelo. Primero fue el carbón, después el acero y mas tarde la consolidación industrial que convirtió al estado en uno de los motores manufactureros del norte del país.

Hoy, en medio de una conversación energética nacional que vuelve a moverse, el gas shale aparece nuevamente como una posibilidad que mezcla desarrollo económico, debate ambiental y decisiones estratégicas de largo plazo.

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El tema no es nuevo. Desde hace años, estudios geológicos han señalado que el norte de México, y particularmente regiones de Coahuila, posee formaciones con potencial de gas no convencional similares a las que detonaron la revolución energética en Texas.

Sin embargo, el país transitó entre aperturas y pausas regulatorias que dejaron muchos proyectos en una zona gris. Las oportunidades existen, pero las definiciones han avanzado con cautela.

En ese contexto comienza a mencionarse el concepto de Gas Coahuila, más como una visión estratégica que como un programa formal con reglas definidas.

La idea apunta a posicionar al estado dentro de la conversación energética nacional en un momento donde el nearshoring exige energía confiable y competitiva para sostener nuevas inversiones industriales.

Hace algunos años incluso se planteó la posibilidad de articular esa visión a través de un düster energético que reuniera a empresas, especialistas, academia y Gobierno para impulsar una agenda común en torno al gas y otras fuentes de energía.

Como ha ocurrido con otros clústeres industriales en el estado, la intención era construir un espacio de coordinación que permitiera atraer inversión, desarrollar conocimiento técnico y fortalecer la competitividad regional.

Con los cambios en la política energética nacional, esa iniciativa perdió visibilidad pública, pero dejó claro que en Coahuila existe una base industrial y técnica capaz de participar en una conversación energética de mayor escala.

Hablar del futuro energético del estado inevitablemente conduce a dos conceptos que han generado debate: el gas shale y la fractura hidráulica, conocida como fracking.

Se trata de una técnica que permite liberar gas atrapado en formaciones rocosas profundas. En Estados Unidos transformó regiones completas, impulsando crecimiento industrial, aunque también abrió discusiones ambientales que siguen vigentes.

Hoy, el debate vuelve a aparecer bajo una lógica distinta. Más que una discusión ideológica, comienza a plantearse como una evaluación técnica sobre cómo equilibrar desarrollo económico, seguridad energética y responsabilidad ambiental.

Mientras el mundo observa con preocupación los conflictos en Medio Oriente y la tensión alrededor del estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos por donde circula una parte fundamental de la energía global, vuelve a recordarse una lección básica de la geopolítica energética: Los países que tienen recursos cerca de casa cuentan con una ventaja estratégica.

Cuando el comercio energético internacional se vuelve incierto y las rutas de suministro pueden alterarse por decisiones políticas o conflictos armados, la seguridad del abastecimiento adquiere un nuevo valor.

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EVA FARÍAS

Eva Farias es periodista, comunicadora y narradora de historias con más de 15 años de experiencia. Su voz se distingue por unir lo personal con lo colectivo, con una mirada cercana, crítica y profundamente humana.

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autora, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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