En , de:

Acero mexicano en situación vulnerable

El acero mexicano vuelve a transitar por terreno incierto. Con aranceles de hasta 50% impuestos por Estados Unidos a las importaciones provenientes de México, el motor exportador enfrenta hoy una presión que no solo distorsiona el comercio bilateral, sino que amenaza con escalar hacia una confrontación mayor.

Los datos más recientes son contundentes y preocupantes: en enero, las exportaciones mexicanas de productos de acero para consumo hacia Estados Unidos se desplomaron 50.23%, mientras que en el caso del acero al carbón la caída fue aún más severa, de 71.54%. No se trata de fluctuaciones marginales, sino de un ajuste abrupto que refleja el impacto directo de las barreras comerciales en el flujo industrial entre ambos países.

LEE MÁS DEL AUTOR CÉSAR ALEJANDRO SÁNCHEZ NOVOA

En este contexto, la industria acerera mexicana se encuentra dividida en el diagnóstico de corto plazo, aunque coincide en la urgencia de actuar. Por un lado, los empresarios advierten que es indispensable alcanzar un acuerdo que desactive la tensión arancelaria antes de que derive en una guerra comercial abierta. La integración productiva entre México y Estados Unidos —particularmente en sectores como el automotriz— hace que cualquier escalada tenga efectos multiplicadores.

Por otro lado, voces sindicales como la de Tereso Medina han planteado una postura más firme: responder con medidas espejo. La lógica es simple —si Estados Unidos cierra su mercado, México debería hacer lo propio—, pero el riesgo es elevado. La historia reciente demuestra que las represalias arancelarias suelen generar más distorsiones que soluciones, especialmente en cadenas de valor tan interdependientes.

En medio de estas tensiones, la postura del Gobierno mexicano, encabezado por Claudia Sheinbaum, apunta hacia la negociación. La mandataria ha dejado claro que la eliminación de aranceles en acero, aluminio y sector automotor será una prioridad en la revisión del T-MEC. La apuesta es ambiciosa: restablecer condiciones de “arancel cero” que permitan recuperar la competitividad regional frente a otros bloques económicos.

Sin embargo, el tiempo apremia. Mientras las negociaciones avanzan, el mercado global no se detiene. De acuerdo con estimaciones recientes, la producción mundial de metales básicos crecerá 3.3% en 2026 y 2.4% en 2027, lo que anticipa un entorno de mayor oferta y competencia.

En ese escenario, México parte de una ventaja estructural relevante: es uno de los países con menor huella de carbono en la producción de acero entre los principales jugadores globales, con apenas 0.79 toneladas de CO₂ por tonelada producida, según datos de la industria dados a conocer en la reciente Asamblea de la Canacero. Este factor podría convertirse en un diferenciador clave en mercados cada vez más regulados por criterios ambientales.

No obstante, esa ventaja verde pierde fuerza si el acceso al principal mercado —Estados Unidos— se mantiene restringido. A ello se suma una preocupación adicional dentro del sector: la omisión de criterios claros sobre contenido nacional en proyectos de obra pública, al dejar fuera los materiales como el acero y el concreto, lo que limita el potencial de la demanda interna como amortiguador frente a choques externos.

Así, el acero mexicano se encuentra en una encrucijada. La ruta de la negociación promete estabilidad, pero requiere resultados concretos en el corto plazo. La alternativa de la retaliación ofrece una respuesta inmediata, pero con riesgos elevados para toda la cadena productiva.

Lo que está en juego no es solo el volumen de exportaciones, sino el posicionamiento estratégico de México dentro de la industria siderúrgica global. En un entorno donde la geopolítica comercial redefine constantemente las reglas del juego, la capacidad de equilibrar firmeza y pragmatismo será determinante.

El reloj ya está corriendo. Y en el acero, como en la política comercial, los tiempos importan tanto como las decisiones.

¡Hasta la próxima!

Comentarios