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A la Luna con Artemis II

La nobleza de la misión Artemis II, que vuela en nombre de la ciencia y de la humanidad, está por encima de la vileza de gobernantes y tiranos que no dudan en sacrificar a sus juventudes en los campos de batalla.

Un niño de nueve años contemplaba en la televisión de bulbos de la sala del hogar, junto con sus hermanos y amigos, la hazaña de la llegada del primer hombre a la Luna en el lejano 20 de julio de 1969 con la Misión Apolo 11.

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Su padre interrumpió la “cascarita” de fútbol que en la calle se jugaba como si fuera la Copa del Mundo, para que los niños no se perdieran el descenso de Neil Armstrong y Buzz Aldrin al suelo lunar, mientras Michael Collins esperaba en órbita, como si fueran personajes salidos de la imaginación de Julio Verne.

En ese entonces, las escenas de los despegues de los inmensos cohetes de propulsión desde Cabo Cañaveral eran parte de mi niñez y se fijaron profundamente en la memoria.

Cuando, ya en la edad adulta, fui con mi familia al Centro Espacial de la NASA en Houston, Texas, en el cual se exhiben partes gigantescas de los cohetes de las misiones Apolo, no pude evitar la nostalgia de soñar igual que un niño con los viajes al espacio como símbolo de la capacidad del hombre para la construcción, no para la destrucción.

Una mezcla de sentimientos encontrados me envolvió al observar el 1 de abril el despegue de la misión Artemis II que volará a la luna, circunvalará y regresará a la Tierra con su tripulación de tres astronautas estadounidenses (Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch) y uno canadiense (Jeremy Hansen).

Aquí vamos de nuevo, me dije, volando a la luna con los más elevados ideales, pero con el mundo envuelto hoy, como en 1969 (con la guerra de Vietnam), en guerras, violencia y sufrimiento de los pueblos.

La nobleza de la misión Artemis II, que vuela en nombre de la ciencia y de la humanidad, está por encima de la vileza de gobernantes y tiranos que no dudan en sacrificar a sus juventudes en los campos de batalla.

¡Qué pequeño e insignificante es el mundo gobernado por políticos sin escrúpulos cuando se observa desde el espacio!

Las imágenes de nuestro planeta que envía la nave espacial al centro de control en Houston son impresionantes: observada desde el cielo, la Tierra es de una hermosura desbordante.

Abajo, muy abajo, el fragor de los campos de batallas, las hambrunas, las migraciones gigantescas y el calentamiento dramático del planeta, no ha manchado aún la esfera azul que adorna al resto del universo.

Arriba, muy arriba, la misión lunar es la expresión de la capacidad de avance científico, de trabajo en equipo y la colaboración de las naciones no en una “carrera” espacial, sino en una marcha común hacia la exploración del espacio y, quiero pensar, la salvación del planeta.

Lo mejor del hombre está en la ciencia y en los viajes a la Luna y al espacio.

Lo peor del hombre se queda en los campos de batalla, en las luchas de poder y en gobernantes enfermos de vanidad y locura.

Julio Verne se asomó, junto al Todopoderoso, a ver qué estaban haciendo los hombres y el Artemis II con su novela maravillosa del siglo 19 que anunciaba la llegada del hombre a la Luna.

Entusiasta, el viejo escritor francés se dio cuenta de que faltó escribir otra novela adicional a la de la Luna: la del viaje a Marte.

El niño de nueve años se sentó a mi lado junto al televisor a ver el despegue del Artemis II y me ayudó a no perder por completo la esperanza en la humanidad.

Rogelio.rios60@gmail.com


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ROGELIO RÍOS estudió Relaciones Internacionales y es periodista de opinión sobre México y el mundo. Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx