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85 segundos de vida: Tic tac, tic tac

La Junta de Ciencia y Seguridad de los Científicos Atómicos, fundada por Albert Einstein, J. Robert Oppenheimer y científicos de la Universidad de Chicago en 1945: está integrada hoy por ocho científicos con premio Nobel, entre otros, para evaluar cada año la cercanía del fin del mundo.

Para ello, evalúan numerosa evidencia científica y geopolítica (número de armas nucleares, avances del cambio climático, riesgos en el uso de la biotecnología y la inteligencia artificial); a partir de ese análisis proponen un ajuste al “Reloj del Fin del Mundo”. El año pasado lo adelantaron 89 segundos. Este año, 85 segundos antes de las 12 de la medianoche; la hora que marca el apocalípsis final de la humanidad.

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El significado de cada segundo adelantado es brutal porque define la cercanía de la destrucción de la Tierra. Durante 2025, los científicos observaron que ese final está más cerca que nunca “a medida que Rusia, China, Estados Unidos y otros países se vuelven ‘ cada vez más agresivos, adversarios y nacionalistas’”.

Los acuerdos globales, larga y arduamente construidos y sostenidos por organismos multilaterales como la ONU, la Organización Mundial del Comercio, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otros, están derrumbándose, “lo que acelera una competencia feroz entre las tres grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia) en la cual, el más fuerte se lleva todo”.

Esta inmisericorde competencia “socava la cooperación internacional que es crucial para reducir los riesgos de una guerra nuclear, el cambio climático, el mal uso de la biotecnología y de la inteligencia artificial y otros peligros apocalípticos”.

La Junta observa que demasiados líderes mundiales se han vuelto complacientes e indiferentes, y que han adoptado, en muchos casos, una actitud retórica no substantiva que acelera, en lugar de mitigar, estos riesgos globales para la supervivencia de la humanidad. Debido a esa falta de liderazgo global y agregaría, el retroceso democrático mundial instigado por los milmillonarios, reportado por Oxfam en su reporte de enero 2026, la Junta fijó el reloj del Juicio Final a 85 segundos de la medianoche.

Revisemos ahora algunos de los indicadores que aceleran nuestro final: Existe un total de 12 mil 100 ojivas o bombas nucleares, desplegadas y no desplegadas en nueve países con capacidad nuclear: Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel. Estados Unidos (5 mil 100) y Rusia (5 mil 400) poseen la gran mayoría del total mundial. China posee 600. La tensión de una tercera guerra mundial que implicaría una hecatombe nuclear es cotidiana.

Los países desarrollados (los mayores emisores de gases de efecto invernadero (GEI) han desplegado una combinación de compromisos legales y políticas públicas.

Menciono dos: metas de reducción y objetivos neto cero (para equilibrar la cantidad de GEI producidos con la cantidad eliminada de la atmósfera); precios al carbono (valor monetario asignado a las emisiones de GEI para obligar a los emisores a pagar por el daño ambiental que causan).

Sin embargo, dichos compromisos y políticas han sido insuficientes para garantizar la temperatura global promedio de 1.5 grados centígrados, propia de la era preindustrial.

Mientras eso ocurre, aumenta la temperatura global; aparecen olas de calor, estrés agrícola, falta de lluvias y sequías. Crece el número de tormentas intensas e inundaciones repentinas que impacta en vidas de personas y pérdidas económicas. Se incrementa el nivel del mar con inundaciones costeras y erosión de la vida marítima, y la temperatura global promedio continúa en 14.9 grados centígrados.

Finalmente, “el mal uso de la biotecnología y la inteligencia artificial (IA) representa riesgos crecientes para la salud pública, la seguridad y la democracia: la biotecnología facilita la creación o modificación de agentes biológicos con un potencial uso dual, y la IA actúa como multiplicador de capacidades maliciosas (desinformación, ciberataques, automatización de diseño biológico)”.

¿Seremos capaces de detener, al menos, el segundero del reloj que marca nuestro fin? Lo pregunto porque solo nos restan 85 segundos de vida como humanidad: Tic tac, tic tac, tic tic, tac.

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Luis García Abusaíd

Este texto es responsabilidad única, total y exclusiva de su autor, y es ajeno a la visión, convicción y opinión de PorsiAcasoMx

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